La crisis entre Grecia y Turquía

La historia indica que el área limítrofe entre el Imperio Otomano y Bizantino ha sido escenario de grandes y múltiples tensiones; la que hoy ocupa la atención del mundo es parte de esa historia, pero también tiene una historia propia, que buscaremos determinar para poder entender las causas y la dinámica de la crisis levantada entre Turquía y Grecia, en un espacio con actores geopolíticos pertenecientes a OTAN, y que también involucra a otros actores europeos.

Descripción del escenario

El escenario congrega a diferentes actores geopolíticos y zonas de relevancia geoestratégica. Por el norte, Turquía, sustancial actor OTAN en el control del Bósforo, y pivote geopolítico fundamental en el control migratorio de los desplazados de Siria, hecho que la asocia a Rusia, también con importantes intereses en Siria.

Al Noroeste, Grecia, miembro OTAN y costa contraria a Turquía en el Mar Egeo, por donde se realiza el cruce de la flota soviética desde Crimea al mar Mediterráneo, hecho que involucra en la zona a Rusia.

Al noroeste, Italia, que el miércoles 26 de agosto alcanzó un acuerdo con Grecia para ampliar las aguas territoriales griegas en el mar Jónico hacia territorio italiano entre 6 y 12 millas náuticas (según la geografía), siguiendo la línea de los acuerdos alcanzados con Egipto;  y,  un poco más allá, Francia, que envió una flota al área ante la primera amenaza turca. En el Este, se asoma la tensión de Medio Oriente con Siria, Líbano e Israel.

Al centro la isla de Chipre, dividida y tensionada entre ortodoxos griegos y musulmanes turco-chipriotas, en que el antecedente más reciente de una historia de tensiones desde la época de los Imperios, está en la revuelta contra el arzobispo Makarios en la década de los 70’ que termina con la proclamación de la República Turca de Chipre del Norte en 1983 acogiéndose al principio de autodeterminación de los pueblos y dividiendo la isla en dos estados, constituyéndose en un conflicto que ha requerido la presencia de la ONU a través de UNFICYP, en la que Chile es un contribuyente de tropas.

Chipre, ya tiene antecedentes de desencuentro con Turquía, al ser amenazado el año 2011 con enviar buques de guerra a la zona si continuaban las exploraciones por el gas. El año 2013, Turquía no acepta y no reconoce la zona económica exclusiva de Chipre y  advierte a Nicosia su oposición a utilizar el gas como cualquier garantía de rescate si el estado político de la isla continuaba siendo el actual y propone dividir definitivamente la isla en dos estados para aprovechar los yacimientos (Estepa, 2013). Hoy, es Turquía la que va en la búsqueda del gas a través de la exploración del fondo del Mediterráneo.

Al sur, Egipto, que controla el Canal de Suez frente a la zona de crisis, firmó un acuerdo de Zona Económica Exclusiva con Grecia y, Libia, Estado fallido, ve como un general rebelde, Jalifa Haftar con un gobierno paralelo al Gobierno de Acuerdo Nacional del primer ministro Fayez Sarraj, va conquistando posiciones y cercando Trípoli. Ante tal situación, el gobierno de Sarraj firma un acuerdo en noviembre de 2019 (Tenorio, 2020), con Turquía, que le permite intervenir en la guerra civil de Libia en defensa del gobierno de Trípoli, a cambio de un acuerdo por la Zona Económica Exclusiva.

Frente a este acuerdo, Grecia y Egipto materializan las conversaciones iniciadas años atrás cuando Al Sisi visita Grecia y, el presidente Tsipras lo invita a ayudarse mutuamente para explorar y beneficiarse de los recursos del Mediterráneo, firmando a comienzos de agosto un acuerdo de cooperación energética en el marco del Foro de Gas del Mediterráneo Oriental, que además considera un acuerdo sobre zona económica exclusiva entre Egipto y Grecia (Europa Press, 2020).

Análisis

Los acuerdos y los intereses de los estados van configurando un escenario con nuevas fronteras en los espacios marítimos, aumentando la intensidad de la crisis al superponerse los límites en los nuevos diseños de la plataforma continental; lo que se ve también afectado por la exploración sobre importantes reservas de gas en el Mediterráneo Oriental, comenzando una carrera por las prospecciones en áreas delimitadas según estos nuevos diseños de plataformas continentales, que al no estar aún validados por CONVEMAR, han puesto en juego las dimensiones del poder y la estatura estratégica de cada uno de esos actores.

El domingo 31 de marzo de 2019 se llevaron a cabo elecciones locales en Turquía, que mostraron el poder del presidente Recep Tayyip Erdogan y la coalición del mandatario turco, conformada por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y el Partido Acción Nacionalista (MHP), que lograron obtener más del 51% de los votos a nivel nacional (Hernández, 2019), confirmando el apoyo a su neo-otomanismo y su islamización de Turquía. Hoy, es la emergencia del covid-19 y su impacto en la economía mundial, lo que ha reforzado el voluntarismo de Erdogan para impulsar su propia agenda en el mundo árabe, y agudizar la promoción de su modelo nacionalista (Garduño, 2020).

Erdogan, por distintas razones internas, incluido un fallido golpe de Estado, se ha visto fortalecido en su gobierno, lo que incluso le permitiría mantenerse en el poder hasta el año 2034, siendo este un factor importante para llevar adelante políticas destinadas a convertirse en un líder geopolítico dentro del mundo árabe musulmán, llevando las guerras fuera de sus fronteras como en Siria o, guerras por encargo, como en Libia, fortaleciendo su industria militar y situándose como líder militar y político. A esa acción (de apoyo ideológico efectivo), se suma la conversión de la catedral de Santa Sofía en mezquita para confirmarle a ese mundo musulmán su acercamiento y liderazgo y, de paso, romper unilateralmente la inscripción que se hiciera en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1985, no respetando los acuerdos adoptados en  la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en su 17a, reunión celebrada en París del 17 de octubre al 21 de noviembre de 1972 (Unesco).

En este marco, de cambio en la orientación de la política turca, es necesario instalar esta nueva crisis; la visión geopolítica de una Turquía cercana al islamismo podría convertirla en un jugador geoestratégico que, en la definición de Brzezinski “son aquellos con capacidad y voluntad de ejercer poder o influencia más allá de sus fronteras (1998, p. 48)”. Convengamos, además, que ha tomado la iniciativa de avanzar sobre el diseño de su plataforma continental que involucra espacios reclamados por Chipre y Grecia para la realización de prospecciones a cargo del buque Oruç Reis y, consciente que su acción generaría un conflicto, envió una fuerza de tarea para la protección del ya señalado navío. Consecuente con ello, Grecia señaló que abriría fuego contra el Oruç Reis e iría a la guerra si es necesario.

Esta fórmula turca lo aleja de los ideales de Attaturk respecto de su acercamiento a Europa, probablemente buscando cambiar el rol de pivote geopolítico valorado sólo por su posición geográfica en control de los pasos del Bósforo y los Dardanelos.

La crisis así instalada demuestra, desde el realismo político, la prevalencia de los intereses del Estado por sobre cualquier otra consideración. Los actores principales pertenecen a OTAN: Grecia y Turquía y dos a la Unión Europea: Chipre y Grecia, los que de a poco van integrando a nuevos actores. Italia firma un acuerdo con Grecia por la extensión de la plataforma en el Jónico y hacia Italia, lo que no es aceptado por Turquía. La UE., no pudo solucionar el problema de manera unívoca, Austria, Grecia, Chipre y Francia piden una respuesta más contundente contra Turquía, otros como Alemania, España e Italia apelan al diálogo (Mariñas, 2020).

Josep Borrel, jefe de la diplomacia de la UE., señaló que todavía no se adoptará ninguna medida contra Ankara, aunque no se descartan sanciones. De todas formas, no sería hasta septiembre cuando el tema se trate en profundidad en la cumbre de líderes y, por su parte, Jens Stoltenberg, secretario general de OTAN, declaró que la crisis debe resolverse dentro del derecho internacional (Mariñas, 2020).

Aumenta la tensión el actuar turco y su visión del problema: el acuerdo sobre la plataforma que firman Turquía y Libia corta los planes de desarrollo del gasoducto griego hacia Europa y afecta las zonas económicas exclusivas de Grecia, Chipre y Egipto. Tampoco es posible obviar, en términos de influencias en la zona, que China a través de COSCO Shipping Corporation compró el puerto griego de El Pireo el año 2016 (RTVE.es/AGENCIAS); de la misma manera, es necesario advertir los acercamientos de Erdogan y Putin en materias militares y económicas.

Diariamente la crisis adopta nuevas formas y es necesario recurrir a algunas definiciones de crisis para entender que está sucediendo en un espacio tan pequeño para tantos actores y Turquía en los hechos busca un apremio con una intensidad limitada en que los fines se alcanzan sin recurrir al empleo generalizado de la fuerza. Contra ese apremio, algunos aliados de Grecia, como Francia e Italia, responden con una diplomacia de fuerza e instalan una flota en potencia en los espacios cercanos al área de tensión. Es prudente recordar que el levantar una crisis busca obtener objetivos mediante presiones o negociaciones, sin llegar al enfrentamiento, pero, no se puede descartar el uso ilimitado de la fuerza, lo que hasta hoy se ve lejano, pero un mal cálculo puede generar un incendio.

El cambio de actitud de Erdogan y su mirada al interior del mundo musulmán a través de una nueva propuesta unitaria o un neo-otomanismo, hace que esta  nueva crisis Grecia- Turquía, tenga una dinámica distinta, indica que el escenario es diferente, que las voluntades son disímiles, que los intereses y objetivos de los participantes están alejados unos de otros y que una zona tan pequeña como el Mediterráneo Oriental puede convertirse en  una región turbulenta, con ramificaciones globales que ya se observaron cuando se incendió la región de los Balcanes una vez caído el Muro de Berlín y superadas las presiones ideológicas de la URSS.

Algunas ideas finales

Las demarcaciones sobre la plataforma continental derivadas de la Convención del Mar de Naciones Unidas, buscan una nueva delimitación de los espacios de los estados, una nueva traza fronteriza que, sin duda alguna, genera y generará nuevos conflictos, fundamentalmente por la irregularidad de las costas frente al diseño de las líneas de base recta que demarcan las zonas económicas exclusivas; en el caso de esta crisis, las prospecciones turcas se encuentran sobre las delimitaciones de plataforma continental de Chipre y Grecia, dos Estados pertenecientes a la UE., que ya  había dado muestras de preocupación respecto de esta área espacial al considerar dentro de su estrategia de seguridad “Con arreglo a la actual política de ampliación de la UE, un proceso de adhesión basado en una condicionalidad estricta y justa es crucial para aumentar la resiliencia de países de los Balcanes occidentales y de Turquía. Al amparo de la Política Europea de Vecindad (PEV)” (U.E. 2016, p. 7). Dando cuenta que se percibía la tensión en esa área de interés geopolítico.

Lo anterior indica que uno de los centros de poder en el mundo está alertando respecto de la fragilidad de un área específica y busca la resiliencia de los actores en crisis,  particularmente de Turquía, pero, hasta el momento, no ha actuado como una organización (U.E.), más allá de los buenos términos de la diplomacia y, han sido los estados (Grecia, Francia, Chipre), los que individualmente enfrentan estos temas de seguridad, en donde hay, incluso, una clara amenaza de guerra lanzada por uno de los asociados a la UE., Grecia, y respondida aún más vehementemente por un Estado fuera de la UE, Turquía, demostrándose nuevamente que las organizaciones internacionales son externas frente a los conflictos entre estados a pesar de los acuerdos y, que los aspectos de seguridad y defensa son, fundamentalmente, del Estado.

Turquía, con el liderazgo de Erdogan, ha buscado transformar su rol de pivote geopolítico, relevante sólo por el control de los estrechos del Mármara, jugador geoestratégico, buscando un rol de liderazgo en el mundo musulmán que le permita enfrentar a la UE., no en una relación de postulante sino en un papel de par, con una posición ventajosa derivada del control que ejerce, por ejemplo, con los desplazados del conflicto sirio que buscan llegar a Europa y en el control del conflicto en Libia, que también afecta directamente a Europa.

El desafío turco a la Unión Europea en el Mediterráneo Oriental, y a la capacidad de acción de OTAN frente esta crisis que desafía a dos de sus integrantes, formaría parte de esta nueva realidad que busca Erdogan a través del uso del poder (tangible e intangible), y la constatación de la islamización de una Turquía que se aleja de la UE pero que no va a dejar atrás las ventajas que le proporciona el ser parte de OTAN, particularmente la relación con EE.UU.

El uso del poder que está realizando Erdogan para posicionarse como un jugador geoestratégico, van marcando la voluntad de asumirse como actor relevante; su participación en las guerras de Medio Oriente o su intervención en Libia, van marcando líneas convergentes hacia una condición de liderazgo de un neo-otomanismo frente a una UE., que se ve amenazada por el conflicto, por la tensión política con EE.UU. al interior de OTAN, por el Brexit, por el inminente desembarco chino en Europa a través de sus proyectos de crecimiento, por una Rusia que se fortalece en la frontera a partir de la intervención en su área de seguridad (Bielorrusia y Ucrania) y, fundamentalmente, por las dificultades que presentan los intereses del globalismo, uno de cuyos exponentes es la UE,  frente a la crisis del Estado, a su falta de reacción ante la pandemia y a los problemas de seguridad y defensa del Estado individualmente considerado.

Contribuye a este escenario de tensión, y demostrada la preocupación de la UE. por esta área en su estrategia de seguridad y defensa (como ya se señaló), la crisis por el nombre de la nueva república de la ex Yugoslavia, Macedonia, considerado como peligro por una posible futura reivindicación de la Macedonia griega, en su condición de limítrofes. Este riesgo sería la razón de la oposición griega al ingreso de Macedonia a la Unión Europea o la OTAN.

La crisis Grecia-Turquía no es solamente una crisis más por un espacio territorial; reúne en sí misma un abanico de elementos que traslucen una maniobra estratégica de Erdogan para posicionar a Turquía como un actor relevante hacia la mitad del siglo XXI y, donde pareciera que no se trata de una simple maniobra de crisis, sino que esta crisis sería parte de una maniobra mayor que involucra intereses geopolíticos y  que seguirá estando presente sobre el Mediterráneo Oriental.

Bibliografía

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Estepa, Héctor (2013). Recuperado de   https://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/30/economia/1364640204.html

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Rescatado el 17 de agosto de 2020.

Garduño Moisés (2020). Recuperado de http://revistafal.com/turquia-la-emergente-politica-exterior-militarista/

Hernández, David (2019). Recuperado de http://revistafal.com/elecciones-en-turquia-entre-la-islamizacion-y-el-secularismo

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Crisis Grecia- Turquía