La trascendencia de la ideología Juche en Corea del Norte

Cuando falleció Kim il Sung en 1994, hubo un retraso de 32 horas en el anuncio de su muerte. Situación similar se vivió cuando su hijo, Kim Jong il falleció en 2011, el secretismo y hermetismo propio del régimen norcoreano fue evidente, ya que se mantuvo en estricta reserva su deteriorado estado de salud durante ese año, para luego anunciar públicamente su muerte el 19 de diciembre, tres días después de sucedido el hecho.

Hoy estamos frente a una situación de incertidumbre y desinformación similar, dónde no existe claridad respecto del real estado de salud de Kim Jong Un. Algunos medios señalan que se encuentra en estado vegetal, otros informan de su posible fallecimiento, pero lo concreto es que no existe información oficial emanada del propio régimen. Lo anterior invita a reflexionar sobre ciertos aspectos culturales y políticos que permitan entender lo que subyace a esta particular forma de hacer política.

En el ámbito cultural, la creación de mitos, tradiciones y creencias no es nada nuevo. Se utilizan para crear cohesión, identidad y sentido de pertenencia entre sujetos de una misma comunidad. De esta forma, desde su conformación en 1948, la República democrática de Corea del Norte ha construido una realidad social y política basada, principalmente, en la ideología “Juche” (independencia política, autodependencia económica y autonomía militar). Desde entonces, esta ideología se ha internalizado en el inconsciente colectivo norcoreano, sustentando en gran medida los mitos, casi fabulescos, de sus figuras políticas, el férreo ejercicio de la autoridad, el control, vigilancia y castigos a los disidentes. Se suma a esto una educación rígida y no deliberante que favorece la perpetuación del régimen y valida la condición mesiánica de sus líderes y propicia el secretismo.

Ejemplo de ello es que a kim jong il se le atribuía el poder de manejar el clima (el viento y el agua), lo que fue utilizado políticamente en su momento no solo para crear una imagen de poder absoluto, sino que también para generar inseguridad y dependencia en la población, instalando para ello un perpetuo estado de alerta basado en la creencia de la amenaza externa y la consecuente salvación por parte de sus líderes. No hay que olvidar que el partido es –figurativamente- el “padre y madre” de la nación, y que por tanto, su nivel de influencia en la construcción de la realidad es extremadamente poderoso.

Considerando lo anterior, no es extraño entonces que el régimen mantenga en privado el real estado de salud o posible fallecimiento de Kim Jong Un, sobre todo, si se tienen en cuenta dos aspectos: primero, que bajo la lógica Juche, debe ser bloqueada toda influencia negativa, por tanto, el secretismo se entiende como una forma de protección de la “patria fuerte”; y segundo, porque la ausencia del actual líder supremo no necesariamente implica una crisis política que impida seguir con su programa. Al contrario, la consecución de sus objetivos estratégicos (ser reconocido mundialmente como un actor con capacidad nuclear, evitar cualquier tipo de invasión y, probablemente, garantizar la supervivencia de la dinastía Kim) están siempre presentes, por cuanto, es muy probable que si Jong Un fallece, se mantenga la planificación para conseguir los objetivos a través de la sucesión de algún miembro de la dinasta Kim.

Pero a pesar de toda la información que circula en los medios respecto a este hecho, cabe la posibilidad que el líder de Pyongyan siga vivo, y que existan otras razones, intenciones o motivaciones tras su desaparición pública desde el 12 de abril ¿Cuáles podrían ser?

Una de ellas podría ser una estrategia política y comunicacional para desviar la atención de la crisis económica que actualmente estaría vivenciando el país asiático producto del coronavirus. No hay que olvidar que Corea del Norte es un país pobre, con un PIB bajo y que en los últimos meses la pandemia habría afectado aún más su débil economía al verse anulada la capacidad de intercambio comercial -especialmente con China-, producto del bloqueo terrestre y naval, afectando la exportación “ilícita” de carbón (su principal fuente de ingreso) y la importación de petróleo, diesel y equipamiento para su programa nuclear.

Sobre este punto habrá que poner atención, ya que, tal como sucedió con Kim Jong il en 1985, la crisis económica podría afectar el financiamiento del  programa nuclear norcoreano, con todo lo que ello implica a nivel internacional.  Esto entendiendo que la dinastía Kim sustenta sus intereses nucleares en lo que han definido como “sogun” o “lo militar es lo primero”, siendo este principio el que guía lo social y lo político en norcorea.

Otra razón, podría ser el aislamiento sanitario de Kim Jong Un para prevenir cualquier foco de contagio del coronavirus. Esto, entendiendo que, según la ideología Juche, lo que importa no es el individuo que compone la sociedad, sino que “un solo individuo”, es decir, el líder supremo. Por cuanto, su sobrevivencia es clave para el éxito de la nación.

Para finalizar, hay que tener en cuenta entonces que la ideología Juche sustenta el nacionalismo extremo, el adoctrinamiento del pueblo, la actitud beligerante de sus líderes, el negacionismo sobre las precarias condiciones socioeconómicas, el hermetismo, el autoritarismo, el aislamiento, la independencia política y el rechazo a la cooperación internacional. Por tanto, independiente de la figura de Kim Jong Un, y de su sucesor –que debiera de todas formas ser miembro de la familia Kim-, lo que importa es que el Juche pervivirá a los personalismos, ya que es una forma de entender y vivir la realidad que difícilmente cambiará en el futuro y que mantendrá la incertidumbre por largo tiempo en el panorama internacional.

Referencias:

https://www.rusi.org/commentary/rickety-anchor-north-korea-calls-its-illicit-shipping-fleet-home-amid-coronavirus-fears

https://www.dw.com/es/salud-de-kim-jong-un-genera-especulaciones/a-53194734

https://www.bbc.com/news/world-asia-52450744

https://www.time.com/wp-content/uploads/2014/12/korea1.pdf

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