Estudio CEEAG Las transformaciones generadas por el Covid-19

“LAS TRANSFORMACIONES GENERADAS POR EL COVID-19”

Jorge Sanz Jofré[1]

René Leiva Villagra[2]

Resumen:

El cambio de paradigma generado por la caída de la URSS, buscó construir una nueva realidad burocrática a través de la generación de una supranacionalidad que restó grandes cuotas de soberanía al Estado, situándolo como un actor más entre una multiplicidad de ellos. La pandemia COVID 19 demostró la debilidad de esa nueva burocracia para asumir el control y el combate a la pandemia, siendo el Estado quien enfrentó con sus reducidas capacidades la amenaza a la humanidad y en particular a la persona individualmente considerada. Junto a ello, resalta que la capacidad global que buscaba internet, se convirtió en la herramienta fundamental para normalizar la vida común al interior del estado.

 Palabras claves: Supranacionalidad – Pandemia – Seguridad humana – Internet – Estado.

 Abstract:

The paradigm change generated by the fall of the USSR, sought to build a new bureaucratic reality through the generation of a supranationality that subtracted large quotas of sovereignty from the State, placing it as an another actor among a multiplicity of them. The COVID-19 pandemic demonstrated the weakness of this new bureaucracy to assume control and combat the pandemic, with an State facing with its reduced capabilities the threat afecting humanity and
especially to the human person as individuals. Along with this, it highlights that the global capability that the internet was looking for, became the fundamental tool to normalize common life within the state.

Keywords: Supranationality – Pandemic – Human security – Internet – State.

 Introducción

El término de la II Guerra Mundial generó un cambio en la forma en que el mundo se relacionaría a partir de ese momento, dando vida a una Organización de Naciones Unidas que conforma el punto de inicio de una supranacionalidad, donde se genera una nueva organización monetaria (FMI, Banco Mundial) a la que todos los Estados del mundo debieron adscribir y el terror nuclear, sumado a la sobreideologización del mundo que facilitaba la cesión de derechos a esta supranacionalidad que promovía la paz mundial y gestionaba los conflictos.

La caída del Muro de Berlín abrió nuevos espacios y activó distintos mecanismos que aumentaron considerablemente la supranacionalidad que funcionó durante la Guerra Fría y el mundo, además se llenó de nuevos actores que competían en capacidades y espacios políticos con esta nueva supranacionalidad gigantesca surgida de una nueva mirada aportada por las fuerzas políticas asociadas ideológicamente a la ex Unión Soviética y, se da vida a un concepto denominado funcionalismo, que ya tiene antecedentes en los años 30’ con la depresión pero que ahora, viene con una nueva mirada.

En el escenario de la caída del Muro de Berlín, se da a conocer por algunos intelectuales como Fukuyama, por ejemplo, la caída de los socialismos reales; lo que era una realidad, como también lo era que grandes organizaciones de la burocracia socialista no se integrarían rápidamente a un sistema capitalista asumiendo ideas que no compartían.

Si se lee a Gramsci, es posible inferir que sus ideas para la conquista del poder no estaban basadas en el asalto de las masas lideradas por los “soviets” como era el pensamiento de Lenin; la interpretación del primero puede asemejarse a lo que hoy observamos en el mundo: ante la imposibilidad de conquistar al Estado, es posible construir una nueva estructura que permita dominarlo, la supranacionalidad.

Esta alternativa, válida, se empieza a materializar a la misma velocidad con que el mundo avanzaba hacia la conquista de nuevos espacios económicos, comerciales, etc., y otros diseñaban los nuevos instrumentos estratégicos con que darían vida al control del Estado y consecuencialmente al mundo político. Estos instrumentos no correspondían sólo a organizaciones que proliferaban en el mundo, también instrumentos ideológicos que, con una carga moral importante, enfrentaban este nuevo escenario político que se conformaba; una de esas señales fue por ejemplo, el eco socialismo, que Matthieu Le Quang describe como  una tentativa de respuesta teórica alter­nativa a las soluciones dominantes dentro de las discusiones internaciona­les sobre la lucha contra el calentamiento climático. El capitalismo verde no representa una verdadera solución, ya que no cuestiona los modos de producción y de consumo capitalistas, principales causas de los problemas climáticos que afronta el planeta, modos que solo pueden mantenerse acentuando el carácter depredador del sistema frente al ambiente, por lo tanto, entendemos aquí un cuestionamiento moral al sistema económico impuesto por el ganador de la Guerra Fría manteniendo las bases de sus postulados referidos a los modos de producción y, ante una evidencia como esta, se generan nuevas formas de imponer las ideas a través, por ejemplo, de organizaciones internacionales que se instalan por sobre el Estado imponiendo entonces, sus visiones en la agenda estatal.

Así se genera la disputa entre un Estado agobiado por las obligaciones que la agenda internacional asignaba versus una supranacionalidad dominante que llevaba adelante sus convicciones sin la participación de los Estados. Se incluye en esta mirada a la ONU y sus esfuerzos por imponer su agenda de cooperación, género, DD.HH., gobernanza, productividad, pobreza y etc., hasta la aparición de un agresivo virus que la Organización Mundial de la Salud demora en su declaración de pandemia. Los Estados regidos por la supranacionalidad política no tuvieron espacio de reacción adecuado y la pandemia reconocida como COVID-19, se expande inicialmente en China y luego por espacios principalmente europeos, EE.UU., América Latina con diferentes efectos y sin antecedentes de África, de la mayoría de Asia y sin que alguna organización internacional generada en esta hiper-supranacionalidad creada a partir de los 90’, asumiera medidas que enfrenten el fenómeno de manera centralizada.

En este escenario, esta hiper-supranacionalidad no fue capaz de hacerse cargo del problema y la responsabilidad de esa burocracia mundial es traspasada al Estado; el comercio internacional se ve amenazado por las medidas que adoptan los Estados, y las líneas aéreas definen rutas distintas para transportar equipos sanitarios sin el peligro de los corsarios contemporáneos que abducen desde puertos y aeropuertos, cargas humanitarias de impacto sanitario estratégico.

Otros buscan culpables y se abre un espacio de conflicto entre China y EE.UU. por la responsabilidad en la aparición del virus con derivadas que aumentarán la crisis y que van por la letalidad del COVID-19 y la cercanía de las elecciones presidenciales en EE.UU.; uno no ha dado las respuestas adecuadas (China) y el otro (EE.UU.) lo responsabiliza por la creación de un agente patógeno con fines malignos.

La pregunta natural que surge es ¿será este virus el que ordenará nuevamente al mundo y alineará a los Estados tras dos potencias económicas?

Estados Unidos enfrenta su pandemia y da muestras de la debilidad estructural al escapársele el tratamiento de los infectados y aumenta día a día la cantidad de muertos por esa causa, por otra parte, China no ha entregado números reales de su balance de COVID- 19 y hoy ambos compiten por la vacuna que, junto con entregar una solución a los contagiados y al resto del mundo no contagiado, entregará honores y una cuota de poder a quién lance primero el remedio. Estamos en lo que en los 60’ correspondía a la carrera por la luna, pero con una cantidad de muertes que la otra carrera no presentó y que, curiosamente, hace que los responsables (sin reconocerlo), contribuyan con equipamiento y médicos a Estados que no cuentan con los recursos, en una demostración de capacidad, de empatía, o de poder blando.

En medio de esta disputa, las Fuerzas Armadas se convierten también en un instrumento del Estado para enfrentar la pandemia al interior de sus fronteras y ponen en cuestión el sistema de cooperación internacional diseñado por ONU en la búsqueda del cumplimiento de sus objetivos.

Con ello, el enfoque de seguridad humana, caracterizada por poner a la persona humana como foco de atención, objeto referente de la seguridad (Gallardo y Koch, 2016), más que verse afectado por lo que podría haber constituido un riesgo de salud, pasó a mirar los efectos de COVID-19 como una amenaza. Así, lo planteado por Ullman, al referirse a las amenazas a la seguridad, pasó a tener mayor sustento, principalmente por degradar la calidad de vida de los habitantes de un Estado de manera drástica y en un corto período. Con ello, lo entendido como riesgo vino a conformar una amenaza, basada en la forma cómo la interrelación entre estados se veía afectada.

Esto nos entrega un panorama que no nos deja ver el resto del entorno, la globalización no va a ser la misma, pero sólo será en lo político ya que, las mismas medidas que se tomaron para enfrentar al virus, apuraron la conexión con un mundo que venía avanzando con características de tsunami, constante y destructor del sistema instalado para reemplazarlo por otro.

El cibermundo está imponiendo el nuevo camino. En un ciberespacio que avanzaba como quinta dimensión, junto a lo terrestre, marítimo, aéreo y el espacio, empinándose a ser un factor geoestratégico, como parte virtual del territorio y con ello aportar como elemento constitutivo del Estado, la pandemia lo trajo a una repercusión de raigambre humana y local. Así, en una aproximación a Buzán (Buzán y Hansen, 2009), elementos de uso del ciberespacio impactaron en los rubros de salud, educación y ámbito de lo doméstico, dada la disposición del poder material inicial, el conocimiento (tecnología), los eventos y la dinámica organizacional.

En salud, el uso de tecnologías de información respecto a obtención, proceso y estadística han jugado un rol clave. La epidemiología, considerada la ciencia básica para la medicina preventiva y una fuente de información para la formulación de políticas de salud pública, más que ir a su empleo tradicional de previsión, debió operar en la proposición de respuestas en lo inmediato, sin abandonar la visión clásica de ir adelantando proyecciones de dispersión del virus, en eventos de contagio volátiles y céleres que llevaban a la desesperación y desazón. La recolección de la información, su depuración, el proceso y la validación de ella pasaron a constituir factores claves para generar antecedentes con valor de uso para la toma de decisiones. En esta batalla contra la pandemia, el ciclo de información llegó a ser crucial, conformando requerimientos críticos que en su obtención, proceso y difusión estaban muy dependientes de las herramientas tecnológicas disponibles.

En educación, el cierre de establecimientos, como medida de contención, trajo efectos que denotaron un notorio desequilibrio estructural y organizacional en la capacidad de respuesta a pasar de un sistema presencial a uno en línea masivo. No estaban todos los recursos para sostener la plataforma, textos y manuales de apoyo, pero ante todo no había una cultura de teleeducación, lo que hizo aún más crítica en su implementación. El problema era más de ejecución que de capacidad tecnológica. La conformación de aulas virtuales enfrentaba a rangos etarios de docentes arraigados en el sistema clásico, más socrático que dinámico, contrastándolo con una generación de profesores que eran nativos en lo digital. La sapiencia de unos debía complementarse con lo tecnificado de los otros.

En la misma línea de la educación, el impacto en los requerimientos de ancho de banda fue mayúsculo, incrementando exponencialmente los requerimientos del Internet de hogar, ya que los alumnos se habían desplazado desde sus escuelas, colegios, liceos o universidades a una sala de clases no convencional y virtual, como es su casa habitación. El computador existente, más que ser un elemento de entretención, juego o comunicación social, recobró el rol primario con que había sido adquirido, luego olvidado, que era el de ser un elemento de apoyo a la educación. Agreguemos complejidad a ello al solo enunciar el caso de una familia de varios hijos en edad escolar o universitaria, con presencia de un solo computador en casa, donde saltan a la vista las colisiones horarias y temáticas, por las restringidas ventanas de empleo del equipo, con su consiguiente acceso a la WEB.

También es necesario agregar en esto el impacto en el segmento de la población que no tiene acceso a Internet, quienes quedaron fuera de la solución virtual, cayendo en una línea de soporte educacional del tipo autoinstrucción, sin muchos textos específicos para ello, dado que la mayoría de los libros disponibles estaban pensados como apoyo al currículo, con un tutor presente, lo que en este caso no ocurre.

Aun cuando la educación a distancia puede ser altamente eficiente, esta requiere de recursos técnicos para su desarrollo, como también de un entorno docente con capacidad de actuar virtual, no solo en la transmisión del conocimiento, sino también de su apoyo, control, guía y motivación. Para varias instituciones enfrentadas a la pandemia, estas características no eran suficientes o sencillamente eran inexistentes en varios de sus planos, requiriendo tiempo, recursos y voluntad para su implementación.

En lo doméstico, surgieron variadas problemáticas. Desde la imperiosa necesidad del abastecimiento de consumo esencial, a las relaciones humanas, la entretención, la comunicación y la interacción familiar, pasaban también a tener requerimientos en lo tecnológico.

El comercio asociado a insumos de subsistencia, tales como supermercados, almacenes, depósitos vecinales, debió robustecer su capacidad de atención en e-commerce[3] o comercio electrónico. A ello también debió mutar prontamente el rubro gastronómico, resultando en ello ganadores las cadenas organizadas de reparto a domicilio, que juegan una tarea fundamental en esta cadena de abastecimiento. Asociado a ello, dado que las personas tenían u optaban por restringir sus desplazamientos y optaban por mantenerse en casa, el pago en línea o transferencia electrónica pasó a ser la moneda de cambio que veía incrementado su uso diario.

El aislamiento social, como así el confinamiento domiciliario, factor indispensable de la efectividad de las cuarentenas, trajo asociado a ello la necesidad de comunicación, dada la condición gregaria del individuo humano. Los accesos a redes sociales, comunicación interpersonal, video llamados y transmisión de archivos e imágenes personales vinieron a conformar una instancia sucedánea de reemplazo de la comunicación directa y presencial. Todo ello implica ancho de banda, uso de Internet y aporte a la saturación de las redes existentes.

La estancia prolongada de personas en sus domicilios, con requerimientos de recreación y diversión, también vino a contribuir a una demanda global de capacidad de data para transmitir videos, en cine on line, series televisivas y hasta tutoriales de manualidades y cocina. La necesidad de copar puntos muertos de tiempo caló hondo en las ciber redes domiciliarias.

La demanda individual de enlace móvil fue sobrepasada por la necesidad colectiva de interoperación desde los domicilios, por lo que cobró alta importancia el delicado equilibrio en la gestión de espectro, de requerimientos operacionales y de exigencias funcionales. Destacable en ello fue que la autorregulación de las empresas proveedoras de conectividad, para este caso específico, funcionara, sin colapsar el sistema, pudiendo haber existido detalles en lo puntual y aun cuando nuestra normativa no regula tecnologías o estándares, sino servicios que utilizan, en este caso, principalmente frecuencias, lo gubernamental ya había hecho un avanzado trabajo en lo referido a instalaciones, estableciendo bandas, potencias máximas, autorizaciones necesarias, la mayoría de ello como política pública o derivado de la agenda digital, con ello buscando una masificación social de acceso a la Internet, que si no era completa, aspiraba a ello. El Estado había sido oportuno en su actuar regulatorio y motivador de las áreas a desarrollar, Internet en este caso, como parte de su andar hacia el bien común, con énfasis en lo local y en la persona humana.

Pero tratando de ver más allá, propósito de este análisis, surge la preocupación de cuándo y cómo se enfrentará el tema de las brechas que esta dependencia a lo ciberespacial acarreará. Con prestaciones de servicio tan indispensables, cada una de ellas pasará a incrementar lo hasta ahora conocido como Infraestructura Crítica, que no es menos que el activo o sistema que es esencial para el mantenimiento de las funciones vitales de la sociedad (European Commission, Critical Infraestructure, 2013). Dada su connotación e importancia, esta ciber infraestructura crítica es un blanco atractivo y altamente rentable para los ciberataques.

Entonces, el desafío futuro de proteger esa Infraestructura crítica debe ir de procedimientos de respuesta frente a situaciones de crisis y planes de contingencia específicos ante incidentes de ciberseguridad. El ejemplo de España nos lleva a pensar en dos pasos principales (no únicos) que pasan por catalogar el conjunto de infraestructuras que prestan servicios esenciales a nuestra sociedad, y diseñar un planeamiento que contenga medidas de prevención y protección eficaces contra las posibles amenazas hacia tales infraestructuras, tanto en el plano de la seguridad física como en el de la seguridad de las tecnologías de la información y las comunicaciones (Díaz, H., 2016: p.51).

Mantener un ambiente de dependencia cibernética, sin contar con un grado de ciberprotección de la plataforma es caminar hacia el abismo del ciberataque, puntual o masivo, de la infraestructura crítica que se conforme. Por eso hablamos de que esto nos traerá avances y brechas en la ciberestructura, de lo cual hay que preocuparse y ocuparse.

Con todo lo lamentable y doloroso que está siendo coronavirus SARS-CoV-2, después conocido como COVID-19, nos dejará la huella que fue el mayor catalizador o acelerante para el incremento del uso de recursos informáticos, haciendo que la casa habitación levante el necesario requerimiento de conectividad, a la par de otros servicios básicos, para transformarse eventualmente en oficina o sala de clase virtual. Su desarrollo y su protección (ciberseguridad) deberá ser parte de la agenda estatal, como en alguna medida ha sido contenida en la agenda digital de Chile.

CONCLUSIONES

Como conclusión, se hace relevante observar que la supranacionalidad centrada en sí misma a través de la multiplicación de organizaciones de distinto tipo, no fue efectiva al momento de enfrentarse a un fenómeno pandémico como el virus COVID19 que presionó al Estado hasta extremos que no se habían pensado y, las nuevas definiciones de seguridad humana que instalan al hombre como el centro de la preocupación, devolvieron al Estado su agenda particular debiendo abandonar -quizás momentáneamente- las obligaciones referidas a cuestiones globales para retomar el bien común como fin último y enfrentar la amenaza desde una estrategia estatal con énfasis en lo local y en la persona humana.

BIBLIOGRAFÍA

Acosta, Pastor; Pérez J.A. (2009). Seguridad Nacional y Ciberdefensa. Cuadernos de Cátedra ISDEFE-UPM, n° 6. Fundación Rogelio Segovia. Recuperado de: http://catedraisdefe.etsit.upm.es/wp-content/uploads/2010/07/CUADERNO-N%C2%BA-6.pdf

Calduch Rafael (2017). La Ocupación del Territorio Nacional y la Disuasión para su Defensa: La Cambiante Perspectiva Europea. Seminario Internacional del Ejército de Chile.

Cano, J. (2011). Ciberseguridad y ciberdefensa: dos tendencias emergentes en un contexto global. Revista Sistema]. Recuperado de: https://acis.org.co/archivos/Revista/119/Editorial.pdf

Díaz, Hernán (2017). La ciberguerra, sus impactos y desafíos. Santiago, Chile: Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra.

Gallardo Marjorie y Koch Sebastián (2016). La Seguridad de Chile. Los Desafíos para el Sector Defensa en el Siglo XXI. Santiago, Chile: Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra.

Le Quang, Matthieu (s/f). El ecosocialismo como alternativa política, social y ecológica al capitalismo. Revista Herramienta [artículo electrónico]. Recuperado de: https://herramienta.com.ar/articulo.php?id=2890

[1]Investigador del CEEAG, Oficial de Estado Mayor, Profesor de Academia en Geografía Militar y Geopolítica, Historia Militar y Estrategia; Magíster en Ciencias Militares por la Academia de Guerra, Doctor (cum laude) en Desarrollo Local y Territorio por la Universidad Jaume I de Castellón de la Plana.

[2] Oficial de Estado Mayor,  Profesor de Academia en Inteligencia y Logística, Magister en Ciencias Militares con mención en Planificación y Gestión Estratégica, Diplomado de la Pontificia Universidad Católica de Chile en Gestión en Educación. Especialista en Inteligencia y Guerra Electrónica.  Investigador del Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra.

[3] Se entiende como e-commerce o comercio electrónico, al marketing, distribución, venta, compra, y provisión de información de productos o servicios a través de Internet.

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