La «Crisis de Groenlandia» hace referencia a la controversia surgida desde el planteamiento geopolítico del presidente Donald Trump respecto de su intención de obtener el control sobre la isla de Groenlandia[1], actualmente, territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca (BBC, 2026). La relevancia estratégica y económica de la isla se deriva de su ubicación privilegiada, que le confiere el control sobre rutas marítimas fundamentales en el Ártico y el Atlántico Norte. La importancia de estas rutas aumenta progresivamente debido al deshielo de las masas de hielo marino y a la aparición de nuevas rutas de navegación. Por otro lado, Groenlandia cuenta con vastos yacimientos de tierras raras y minerales (litio, grafito, uranio, hierro) aún no explotados, así como un considerable potencial de petróleo y gas. A lo anteriormente expuesto, cabe añadir su relevante valor militar. Como se ha puesto de manifiesto en investigaciones previas, Estados Unidos ha mantenido una presencia militar en el área desde el período de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría[2]. En la actualidad, dicha localidad alberga la base espacial estadounidense de Pituffik, anteriormente denominada base aérea de Thule (Peterson and Schriever Space Force Base, 2023), la cual resulta esencial para la alerta temprana de misiles, la vigilancia espacial y la supervisión del Ártico. Washington ha realizado intentos recurrentes para adquirir la soberanía total de Groenlandia (por ejemplo, mediante propuestas en 1867, 1946 y 1955); no obstante, todas han sido denegadas por Dinamarca.
[1] El Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra del Ejército de Chile ya había estudiado previamente el papel clave de Groenlandia, en el documento titulado «Groenlandia y su relevancia geopolítica en la actualidad», disponible ¡aquí!
[2] Ver el documento titulado «Groenlandia y su relevancia geopolítica en la actualidad», disponible ¡aquí!
Figura N°1 Mapa con la ubicación de Groenlandia en el Círculo Polar Ártico Nota: BBC (2026).
En 1941, el embajador danés (que operaba de manera autónoma tras la ocupación de Dinamarca por Alemania) rubricó un acuerdo mediante el cual Groenlandia se convertía en una suerte de protectorado estadounidense con miras defensivas y se otorgaba a EE.UU. un amplio acceso militar. En 1945, EE.UU. había construido o ampliado 17 instalaciones, incluidas importantes bases aéreas (Bouček, Stará, Pavelka, & Pavelka, 2023), todas ellas bajo jurisdicción estadounidense para uso militar, mientras que Dinamarca conservaba la soberanía formal.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Washington pudo mantener bases militares en Groenlandia mediante un acuerdo de defensa de 1951 con Dinamarca, pero no podría haber «conservado» legalmente Groenlandia como territorio estadounidense sin el consentimiento de Dinamarca, que no lo dio. El pacto permitió la presencia militar estadounidense en Groenlandia, pero su capacidad militar disminuyó significativamente tras el fin de la Guerra Fría. En el contexto actual, el presidente Trump ha expresado su deseo de recuperar no solo los derechos y privilegios anteriores, sino también la soberanía, «lo real», lo cual ha generado complicaciones en las negociaciones con Dinamarca y Groenlandia.
Figura N°2 Antiguas bases aéreas de EE.UU. en Groenlandia en la Segunda Guerra Mundial Nota:Bouček, Stará, Pavelka, & Pavelka, 2023
Problema actual
El presidente Trump ha manifestado en repetidas ocasiones su interés en adquirir Groenlandia, lo que plantea un problema que requiere una atención cuidadosa. En el contexto de su primer mandato, en 2019, el presidente Trump manifestó públicamente su intención de adquirir la isla, lo cual Dinamarca calificó de «absurdo». Durante su segundo mandato, se ha producido una grave crisis diplomática como consecuencia de sus repetidas declaraciones públicas, en las que exige el control de EE.UU. sobre Groenlandia, así como de las amenazas de presión económica y de su presentación como esencial para la seguridad nacional de EE.UU. frente a Rusia y China en el Ártico. La situación experimentó un deterioro significativo en enero de 2026, cuando tanto Groenlandia como Dinamarca expresaron una oposición firme a cualquier forma de venta o transferencia. Por un lado, se enfatizó el principio de «autodeterminación de los pueblos» y, por otro, se invocaron los compromisos de defensa del artículo 5 de la OTAN ante un posible ataque.
Figura N°3 Posibles rutas marítimas en las aguas que rodean Groenlandia facilitando el acceso a minerales y zonas de pesca. Nota: BBC (2026).
Las razones fundamentales de la tensión se relacionan con las vulnerabilidades militares que Washington percibe frente a Rusia y China. Moscú ha llevado a cabo un proceso de reconstrucción de sus bases en el Ártico, varias de las cuales se encuentran en proximidad al continente americano (Foreign Policy, 2017).
Figura N°4 El fortalecimiento ruso en el Ártico Nota:Foreign Policy (2017).
Por su parte, China busca consolidar su influencia, aprovechar el sector minero y desarrollar su iniciativa denominada «Ruta de la Seda Polar» (geographymap, 2025). El deshielo parcial en el Océano Ártico ha dado lugar a la apertura de nuevas rutas marítimas, con un potencial significativo para reducir costos en las rutas comerciales entre América, Europa y Asia. Asimismo, se identifica el acceso exclusivo a los abundantes recursos naturales de la isla como un incentivo significativo.
Figura N°5 Ruta de la Seda Polar (en color rojo) Nota: Geographymap, 2025.
Defensa antimisiles Golden Dome [3]
En el contexto del proyecto de defensa antimisiles Golden Dome de EE.UU., Groenlandia desempeña un papel crucial debido a su ubicación estratégica cercana al Polo Norte. Esta posición geográfica confiere a esta isla una relevancia significativa para la defensa de EE.UU. contra amenazas de misiles de largo alcance provenientes de Rusia, China y Corea del Norte, así como contra el uso de drones avanzados y de armas hipersónicas.
[3] El Golden Dome (también conocido como «Golden Dome for America») es una importante iniciativa de defensa antimisiles de EE.UU. que se ha puesto en marcha durante el segundo mandato del presidente Donald Trump. Su objetivo es crear un escudo antimisiles integral, y por capas, para proteger el territorio continental de EE.UU. (y, potencialmente, otros territorios de ese país) de una amplia gama de amenazas aéreas, como misiles balísticos, misiles hipersónicos, misiles de crucero y otros ataques aéreos avanzados, como drones o aviones.
Figura N°6 Mapa con la ubicación de la Base Espacial Pituffik Nota: Taylor, 2025
La ubicación estratégica de Groenlandia permite la instalación de sensores de alerta temprana e interceptores en proximidad a las amenazas potenciales, lo que aumenta las probabilidades de interceptar misiles. La base espacial de Pituffik (Taylor, 2025) cuenta con la capacidad de proporcionar alertas tempranas sobre misiles y conocimientos sobre el dominio espacial, lo que la convierte en un elemento fundamental para el mando y el control de los componentes espaciales del Golden Dome (Leonardo DRS, 2025).
La ubicación estratégica de Groenlandia permite la instalación de sensores de alerta temprana e interceptores en proximidad a las amenazas potenciales, lo que aumenta las probabilidades de interceptar misiles. La base espacial de Pituffik (Taylor, 2025) cuenta con la capacidad de proporcionar alertas tempranas sobre misiles y conocimientos sobre el dominio espacial, lo que la convierte en un elemento fundamental para el mando y el control de los componentes espaciales del Golden Dome (Leonardo DRS, 2025).
Figura N°7 Defensa antimisiles Golden Dome. Nota: Leonardo DRS, 2025.
Las «Redes en Capas de Satélites Militares» de la Space Development Agency, ahora conocida como «Arquitectura Espacial Proliferada para el Combatiente» (en inglés: Proliferated Warfighter Space Architecture, PWSA) del Departamento de Guerra de los Estados Unidos (Space Development Agency, 2023), son redes en malla para el enrutamiento eficiente de datos entre satélites, con la geografía de Groenlandia facilitando la comunicación (The Strategist, Australian Strategic Policy Institute, 2026).
Otras razones más profundas
En la física se puede observar un fenómeno, presente en la naturaleza, conocido como «movimiento del péndulo». En efecto, del mismo modo que un péndulo físico se desplaza de un extremo a otro, pasando por el punto medio, en el ámbito de la geopolítica se puede emplear esta imagen para explicar que las preferencias de los gobiernos pueden oscilar entre posiciones opuestas a medida que cambian las opiniones públicas y los resultados electorales. Desde la década de los 90 del siglo XX, se ha venido empleando el término «globalización» para referirse al intercambio y libre conectividad de las principales actividades de los Estados, así como para el libre movimiento de las personas, con un ejemplo como lo acordado en el Acuerdo de Schengen[4], con el consiguiente debilitamiento de la soberanía de los estados-nación y la eliminación de las fronteras nacionales en favor de los organismos internacionales; al libre movimiento financiero; y a la desindustrialización, entre otros temas.
En este contexto, el derecho internacional público imperaba, estableciendo que las grandes potencias, como EE.UU., se ajustaran a las normas jurídicas internacionales que salvaguardaban especialmente los intereses de las grandes potencias, pero también de los Estados más pequeños. No obstante, a lo largo de los años, China ha aplicado de manera selectiva el derecho internacional y, en ocasiones, lo ha infringido de manera notoria, como se evidencia en la construcción de islas artificiales en el Mar del Sur de China (International Crisis Group, 2021) y (The Washington Free Beacon, 2017), según declaró la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya.
[4] El Acuerdo de Schengen es un tratado firmado el 14 de junio de 1985 por cinco países europeos: Bélgica, Francia, Alemania (entonces Alemania Occidental), Luxemburgo y los Países Bajos. Sentó las bases para la abolición gradual de los controles fronterizos sistemáticos en las fronteras comunes entre los Estados signatarios, promoviendo una mayor libertad de circulación de personas. El tratado funcionaba inicialmente al margen del marco de la UE, pero posteriormente se incorporó al derecho de la Unión mediante el Tratado de Ámsterdam de 1999.
Figura N°8 Los enclaves de China en las Islas Spratly, en el Mar del Sur de China Nota: The Washington Free Beacon, 2017.
En el caso de la invasión rusa de Ucrania, también se configura una transgresión manifiesta del derecho internacional. Este fenómeno ha desencadenado una fuerte contrarreacción de EE.UU., que se expresa en la actual crisis de Groenlandia. Esta situación evidencia que EE.UU., como potencia mundial, está adoptando una postura de «Realpolitik»[5].
Es pertinente señalar que, desde hace muchos años, el derecho internacional ha evidenciado una debilidad estructural, recurrentemente observada por diversos centros de estudio. La superpotencia del norte eligió a un presidente que ha sido objetado en el derecho internacional y no se comporta siguiendo las prácticas tradicionales de la diplomacia, como ya lo hacían China y Rusia desde hace años. Esta estrategia, conocida como «Realpolitik», se caracteriza por su enfoque pragmático y su aplicación sistemática. ¿Se plantea, entonces, la necesidad imperativa de establecer un nuevo ordenamiento jurídico internacional?
Últimos acontecimientos
A la fecha de redacción de este Observatorio, el presidente Trump ha anunciado un «marco para un futuro acuerdo» (Al Jazeera, 2026) sobre las cuestiones de Groenlandia y el Ártico y, según se informa, ha renunciado a los aranceles inmediatos (The Washington Post, 2026). Las negociaciones parecen centrarse en un bloqueo estratégico de la minería y la inversión, tanto de Rusia como de China, y en alternativas a una soberanía estadounidense sobre Groenlandia, como la ampliación de los derechos de base de EE.UU. y de la OTAN, así como las «áreas de bases soberanas» (enclaves controlados por EE.UU.), similares a las bases británicas en Chipre (France 24, 2022).
[5] La «Realpolitik» (en alemán: política realista o política de lo real) es un enfoque que prioriza los intereses nacionales prácticos, el poder, la fuerza y las circunstancias concretas del momento, por encima de consideraciones ideológicas, morales, éticas o idealistas.
Figura N°9 Bases británicas en Chipre, Dhekelia y Akrotiri. Nota: France 24, 2022.
Conclusión
La denominada «Crisis de Groenlandia» evidencia la creciente centralidad del Ártico en la dinámica geopolítica contemporánea. Asimismo, dicha crisis pone de manifiesto cómo los cambios tecnológicos y estratégicos están reconfigurando los equilibrios de poder a escala global. Así, Groenlandia emerge como un punto de interés estratégico debido a su ubicación geográfica, su relevancia militar y su potencial económico en materia de recursos minerales. Esta situación ha generado una competencia creciente entre las grandes potencias, en particular entre EE.UU., Rusia y China. La presión ejercida por Washington para aumentar su control sobre la isla no puede interpretarse como un hecho aislado, sino que responde a una percepción estructural de vulnerabilidad estratégica y a la necesidad de asegurar ventajas decisivas en un entorno internacional cada vez más competitivo.
En este sentido, el caso de Groenlandia refleja una tendencia más amplia hacia el debilitamiento del derecho internacional y el retorno de la «Realpolitik» como principio rector de la acción exterior de las grandes potencias. La insistencia de EE.UU. en redefinir los términos de su relación con Dinamarca y Groenlandia, aun a costa de tensiones con aliados históricos, se inscribe en un contexto global marcado por la actuación unilateral de otros actores relevantes, como China y Rusia, y por la erosión de las normas multilaterales que conformaron el orden internacional posterior a la Guerra Fría. En este sentido, la crisis no solo se manifiesta como una cuestión territorial o estratégica, sino también como un desafío normativo, al poner en tela de juicio los límites efectivos de la soberanía, la autodeterminación y los compromisos internacionales. Por lo tanto, desde este rincón del orbe, es necesario mantener la mirada puesta en el escenario diametralmente opuesto al Ártico, es decir, en el Territorio Antártico, el cual también goza de normas especiales que fueron desarrolladas en un contexto de multilateralismo de mayor compromiso, al término de la década de 1950.
En conclusión, los hechos recientes apuntan a que, más que a una anexión formal, el escenario más probable será una intensificación del control estratégico estadounidense mediante acuerdos de defensa, una ampliación de la presencia militar y restricciones a la influencia de las potencias rivales. Este fenómeno confirma que Groenlandia continuará desempeñando un papel crucial en la seguridad internacional en las décadas venideras, fungiendo como un laboratorio donde se experimentan nuevas formas de ejercicio del poder. En consecuencia, el caso subraya la necesidad imperativa de reevaluar y reformular el derecho internacional para adaptarlo a una realidad geopolítica en constante evolución, si se aspira a gestionar estos conflictos de manera estable y a preservar la paz internacional.