Centro de Estudios de la Academia de Guerra

Máxima tensión del mayor conflicto histórico entre ambas naciones.

En marzo de 2026, el escenario global está condicionado por una guerra regional en Medio Oriente, impulsada por Estados Unidos e Israel, con el objetivo de neutralizar las capacidades militares y nucleares de Irán.

Sin embargo, no es el único conflicto que preocupa en Asia Central. En proximidad al territorio iraní, dos de sus vecinos, Pakistán y Afganistán sostienen actualmente un enfrentamiento armado de considerable intensidad, en la historia de ambos países. Si bien la frontera que comparten, la “línea Durand”, ha sido motivo de fricciones por más de un siglo, el choque actual incorpora nuevos factores de inestabilidad, derivados de la retirada de Estados Unidos y la OTAN en 2021, junto con la toma del poder por el Talibán.

Conflicto reciente

Se podría afirmar que las hostilidades actuales se remontan a 2022, con el primer ataque aéreo por parte de Pakistán desde el inicio del régimen talibán. El ataque afectó las provincias de Khost y Kunar, dejando cerca de 50 muertos, en su mayoría civiles (Al Jazeera, 2022). Las operaciones militares se reactivaron dos años después, el 18 de marzo de 2024, con nuevas acciones desde el aire en las zonas afganas de Khost y Paktika (Reuters, 2024). Luego, el 9 de octubre de 2025 nuevamente Paktika fue embestida por las fuerzas armadas pakistaníes, en uno de los bombardeos más intensos y mortíferos; sus decenas de bajas llevaron a un alto al fuego temporal, el 19 de octubre de ese año, con la mediación de Catar y Turquía. Pese a los esfuerzos conciliadores, las relaciones diplomáticas se deterioraron de forma crítica en diciembre de 2025.

Debido al terreno montañoso y altamente restrictivo para el movimiento terrestre del teatro de operaciones (Figura N°1), en las provincias aledañas a la “línea Durand”, Pakistán ha atacado mayormente con bombarderos y drones. Por consiguiente, la respuesta afgana ha sido mediante artillería pesada y combate insurgente, cuyos blancos generalmente corresponden a puestos militares pakistaníes en la frontera. Al respecto, cabe señalar la abrumadora ventaja bélica de Pakistán sobre Afganistán: mientras las tres ramas de las fuerzas armadas pakistaníes pertenecen a las más modernas del mundo —con equipamiento principalmente chino — y cuentan con un nutrido programa militar nuclear, las fuerzas afganas están en decadencia, con escasos efectivos y capacidades semiobsoletas que dejaron tanto la invasión soviética como la intervención internacional de 2001 (Reuters.com, 2025). La asimetría bélica se observa en sus distantes posiciones en el ránking de Poder de Guerra Global, ocupando los lugares 15° y 122°, respectivamente (Global Fire Power, 2026).

Sin encontrar salidas diplomáticas viables, el conflicto escaló severamente el 27 de febrero de 2026, cuando Pakistán lanzó un ataque aéreo masivo denominado Bombardeo Abrumador sobre Kabul y otras ciudades estratégicas, en represalia por el anuncio por parte de Afganistán de una ofensiva terrestre a gran escala. Como consecuencia, las autoridades de Islamabad declararon una “guerra abierta” contra el gobierno talibán afgano (BBC.com, 2026).

Desde entonces, los bombardeos a través de la frontera fueron en escalada, hasta la noche del 16 de marzo de 2026, cuando Pakistán efectuó un ataque de gran magnitud sobre Kabul, “el más mortífero en un conflicto cada vez más intenso entre los dos países” (The New York Times, 2026). La acción destruyó lo que, según las autoridades afganas, era un hospital de rehabilitación, con un cruento resultado, que según observadores de la ONU puede llegar a las 180 personas fallecidas, mientras que el gobierno talibán reportó aproximadamente 400 muertos y 265 heridos  (CNN en español, 2026). Lo anterior se relaciona con uno de los seis puntos atacados por las fuerzas pakistaníes durante dicha jornada, cuyo objetivo, según Islamabad, era desmantelar depósitos de municiones e infraestructura militar (Deutsche Welle, 2026).

Sin embargo, el día 18 de marzo, gracias a la mediación de Arabia Saudita, Catar y Turquía, el gobierno de Pakistán declaró una tregua de cinco días en su ofensiva militar (Deutsche Welle, 2026b), por la Fiesta del Eid al-Fitr, que marca el fin del ayuno en el mes del Ramadán, sagrado para la religión islámica.

Figura N°1 Mapa del teatro de operaciones, cerca de la denominada “línea Durand”. Nota: (Raksha-Anirveda.com, 2026).

Figura N°2 Vestigios del ataque aéreo del 17 de marzo de 2026 en un centro de rehabilitación en Kabul, que habría causado más de 180 víctimas fatales, según la ONU. Nota:The New York Times, 2026.

La acción del grupo TTP (Tehrik-e-Talibán Pakistán)

Para comprender las causas directas de este conflicto, es importante tener en cuenta que los talibanes, si bien son un movimiento islamista de origen afgano, desde su creación en los años 1990 han tenido sólidos vínculos con Pakistán. Entre ellos se pueden mencionar el factor étnico, ya que comparten origen en la tribu pastún, mayoritaria en Afganistán y también en el noroeste de Pakistán; el factor fundacional, ya que varios miembros fundadores del Talibán se formaron en las madrasas o escuelas religiosas en Pakistán (Council in Foreign Relations, 2026); y el aspecto geográfico, ya que históricamente los talibanes han operado en lugares próximos a la “línea Durand”, concentrándose en la ciudad de Kandahar, pero también aledaños al límite político por el lado pakistaní (Figura N°1). 

Cuando ocurrió la intervención estadounidense de Afganistán en 2001, gran parte del liderazgo talibán salió al exilio y estableció su principal centro de operaciones en la ciudad pakistaní de Quetta (Council in Foreign Relations, 2026). Asimismo, distintos grupos de yihadistas, tanto afganos como pakistaníes, se situaron en la región semiautónoma tribal conocida como FATA (Federally Administered Tribal Areas). Al comenzar la “guerra contra el terrorismo”, Pakistán dio un giro radical en su estrategia, al apoyar a Estados Unidos, en contra de los talibanes. Siendo hasta entonces uno de los pocos países que reconocía al régimen talibán en Kabul, Islamabad rompió relaciones con dicho gobierno y autorizó el uso del espacio aéreo y de bases militares para operaciones estadounidenses (Akins, 2018). Esta decisión estratégica generó un profundo sentimiento antipakistaní en agrupaciones de talibanes y otros rebeldes yihadistas, lo cual recrudeció en 2002 con las primeras incursiones de las fuerzas armadas pakistaníes en la zona de las FATA (Zahid, 2026).

Con este trasfondo, se fundó en 2007 el Movimiento de los Talibanes Pakistaníes (Tehrik-e-Talibán Pakistán, TTP), el cual aglutinó a diversos núcleos yihadistas pakistaníes, en alianza formal con Al Qaeda y los talibanes afganos. Su acción se inició en 2008, con los primeros atentados en zonas pobladas de Pakistán. Actualmente, el TPP es una megaorganización de más de 20 subgrupos insurgentes antipakistaníes, designada como terrorista por las Naciones Unidas, al adjudicarse la responsabilidad de cientos de atentados en Pakistán, especialmente durante los últimos años. El objetivo de sus ataques es el derrocamiento del gobierno pakistaní y establecer un estado islámico, con una interpretación rigurosa de la ley Sharia, similar al modelo que impera en Afganistán (Zahid, 2026). De este modo, el TPP quiere poner fin a la república federal democrática que existe hoy en Pakistán, regida por la Constitución de 1973.

Con ello, la motivación principal de Pakistán para la “guerra abierta” es la acusación al gobierno de Afganistán de proteger al TPP y proporcionarles refugio en su territorio para acciones terroristas, lo cual es enfáticamente negado por las autoridades talibanas-afganas, afirmando que la insurgencia en el vecino país es un problema interno (Al Jazeera, 2025).

El conflicto, cuya escalada supone un alto riesgo al ser Pakistán una potencia nuclear y militar, ha concitado gran preocupación internacional. Estados Unidos respaldó a Pakistán, aludiendo al “derecho de Islamabad a defenderse” de los ataques afganos (The Guardian, 2026). El Reino Unido y la UE, en tanto, pidieron una rápida desescalada e instaron a ambas partes a retomar las negociaciones. China, que ha incrementado significativamente su influencia en la región, está mediando diplomáticamente entre ambas naciones con participación activa del presidente Xi Jinping (Reuters.com, 2026). Asimismo, países como Catar, Arabia Saudita y Turquía también colaboran hacia la paz definitiva; y en la crisis de febrero el propio Irán, antes de entrar en guerra con Estados Unidos e Israel, había anunciado su voluntad de actuar como mediador.

El papel de la India

Cada vez que buscamos entender un conflicto del Asia Meridional o del Sur, es necesario pensar en el rol del país más influyente de la región: la India. En este conflicto en particular, se estima que una de las motivaciones de Islamabad para emplear la fuerza contra Afganistán estaría vinculada al reciente acercamiento entre el régimen talibán y el gobierno indio, es decir, la creciente proximidad de Kabul con el principal rival histórico de Pakistán, con quien mantiene una relación caracterizada por rivalidad persistente, tras la crisis registrada en la región de Jammu y Cachemira en 2025. En ello, es relevante recordar que tanto Pakistán como la India son potencias nucleares limítrofes, cuyas relaciones desde 1947 han estado marcadas por la desconfianza y el enfrentamiento armado directo.

Durante la última década, la India consideraba a los talibanes como un grupo terrorista y, en consecuencia, había retirado a su embajador en Kabul en 2021. Sin embargo, el 9 de octubre de 2025, Nueva Delhi recibió la primera visita de un ministro del régimen talibán en cuatro años[1], y anunció la reapertura de su embajada en la capital afgana, en una señal inequívoca de buenas relaciones bilaterales (IISS, 2025). Con ello, no sería una coincidencia que ese mismo día 9 de octubre se desatara una de las jornadas más violentas de ataque de Pakistán contra Afganistán.

[1] Se trata del ministro de Asuntos Exteriores afgano, Mawlawi Amir Khan Muttaqi.

La “Línea Durand”

Es relevante señalar que la propia frontera entre ambos países, la “Línea Durand”, es motivo de controversias. Fue trazada en 1893 por el Imperio Británico y el entonces Emir de Afganistán como un límite provisorio, que buscaba dividir y controlar la región pastún. Sin embargo, cuando Pakistán fue declarado Estado soberano en 1947 heredó esta frontera, pero Afganistán se niega a reconocerla oficialmente hasta la actualidad. La estrategia pakistaní, en cambio, ha sido reforzar este límite, de más de 2.600 kilómetros, mediante la construcción de una valla divisoria. De ahí que, además de la acción terrorista en las ciudades, el TPP tiene como objetivos permanentes los puestos de vigilancia de la línea Durand.

Conclusión

Las hostilidades entre Pakistán y Afganistán registradas en 2026 pueden considerarse como los hitos más violentos de este conflicto. El armisticio decretado con motivo del fin del Ramadan, en marzo pasado, frenó una escalada que dejaba a ambos países en la cornisa de una guerra total. Serán días de tensa calma, ya que tanto el gobierno pakistaní como el talibán afgano han advertido que cualquier agresión contra su territorio o sus ciudadanos recibirá una respuesta armada inmediata. Con la información desde Kabul que reportó fuego de morteros desde territorio paquistaní durante la tregua, la paz duradera se convierte en una incógnita.

La acción de potencias como Estados Unidos, China o Irán, tanto desde el punto de vista geoestratégico como el de la diplomacia, se convertirá en un factor relevante, especialmente el de la India, país que quiere fortalecer las relaciones con los talibanes mediante acuerdos económicos y geoestratégicos. Nueva Delhi también avanza en influencia en Asia Central y Sur, restándole ventaja a China, para quien es crucial para concretar el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), parte esencial de la iniciativa china de la Franja y de la Ruta (BRI).

Revisa el material de apoyo

error: Content is protected !!