Centro de Estudios de la Academia de Guerra

Desde que se iniciara el conflicto entre Estados Unidos e Israel en contra de Irán, este ha evolucionado hasta convertirse en una crisis regional en lo militar, marítimo, energético, diplomático y económico. El enfrentamiento armado comenzó con ataques estadounidenses e israelíes en territorio iraní, llegando hasta el control del Estrecho de Ormuz, centro neurálgico del comercio energético mundial. En la práctica, el conflicto ya no se limita al ámbito militar directo, porque se ha tornado en una pugna por la dominación de corredores estratégicos[1], la imposición de condiciones de negociación y la redefinición del equilibrio de poder regional.

[1] Los corredores estratégicos concentran cerca del 80% del comercio global por vía marítima y cerca del 80% del petróleo global, una interrupción en su tráfico impacta en la economía, en lo energético y en la seguridad internacional. Hoy, Irán y Estados Unidos buscan controlar el libre tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz, al igual que en Bab el-Mandeb, porque este conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y facilita el paso entre Europa y Asia a través del Canal de Suez. Funcionarios indonesios confirmaron la autorización militar de Estados Unidos para sobrevolar sobre el Estrecho de Malaca, a largo plazo podría perturbar el tránsito en esa zona, en caso de escalar el conflicto entre Estados Unidos, China e India.

Desde una perspectiva geoestratégica, se puede señalar que el punto central no pasa únicamente por la capacidad de la fuerza de los actores involucrados, sino de quien consiga convertir sus ventajas territoriales, navales y diplomáticas en una posición de fuerza sostenible. Estados Unidos e Israel tienen como objetivo degradar las capacidades militares y nucleares iraní. Por su parte, Irán, intentó compensar su asimetría convencional a través de la amenaza de cierre del Estrecho de Ormuz, la activación de frentes periféricos y el uso de la coerción marítima como un factor multiplicador estratégico. Lo anterior, transformó el escenario del conflicto armado que actualmente se presenta como un arco que contempla el Golfo, el Levante y las rutas de suministro global (AP News, 2026; Reuters, 2026).

El conflicto desde la mirada del geoposicionamiento

El conflicto inicialmente, evidenció una lógica clásica aplicada por Estados Unidos e Israel, basada en lo preventivo y la superioridad tecnológica. El objetivo político, estratégico y militar de la coalición fue alterar el cálculo estratégico de Irán, elevar los costos de su programa nuclear, reducir la libertad de acción regional y demostrar que Washington disponía de la capacidad de escalamiento aún sin desplegar una operación terrestre. Por su parte, Israel se consolidó en un aliado y socio operacional y catalizador a nivel regional en Medio Oriente, mientras Estados Unidos actuó como garante decisivo por su profundidad de ataque, defensa integrada y control del entorno marítimo. 

Por su parte, Irán respondió según lo establece su doctrina histórica de disuasión asimétrica. Debido a su incapacidad de sostener una paridad aérea o naval frontal, desplazando el centro de gravedad hacia el Estrecho de Ormuz. Según lo trascendido en diversos medios de comunicación, Irán restringió el libre tránsito marítimo y la crisis terminó afectando inmediatamente el flujo energético global, con el barril de petróleo superando los 100 dólares (El País, 2026; Reuters, 2026). Esto da cuenta de un rasgo estructural del poder iraní, ya que estando bajo presión militar, conserva la capacidad de internacionalizar los costos de la guerra y transformar una confrontación bilateral en una amenaza para la economía mundial.

El análisis del conflicto permite comprender que Irán intentó reposicionarse como un actor imposible de neutralizar, sin generar consecuencias a nivel global. Puesto que, la lógica del bloqueo del Estrecho de Ormuz no buscaba derrotar la fuerza estadounidense, sino que obligarla a escoger entre una escalada prolongada, un shock energético o un proceso de negociación. Una consecuencia de lo anterior, es lo informado respecto a los ataques por la Agencia Internacional de Energía (en sus siglas en inglés IEA[2]), señalando que la interrupción asociada a este conflicto corresponde a una alteración histórica de la oferta petrolera mundial; a su vez, los bancos y mercados debieron ajustar sus proyecciones por la pérdida de suministro y persistencia de riesgo regional (Reuters, 2026).

En la segunda fase del conflicto – durante la primera quincena de abril-, se observó un cambio importante en el paradigma estadounidense, ya que pasó de un castigo militar directo a la coerción marítima. El 07 de abril, el presidente Donald Trump anunció el cese de los ataques como parte de una tregua mediada por Pakistán, la cual condicionaba la apertura del Estrecho de Ormuz. Esta pausa operacional no implicó la desescalada del conflicto, más bien fue una maniobra para trasladar la presión a las áreas donde Estados Unidos contase con superioridad estructural, como es el caso de la proyección naval y el control de los accesos.

El término de ello, fue el bloqueo de Estados Unidos de los puertos iraníes, iniciado el 13 y 14 de abril, tras el fracaso de las negociaciones efectuadas en Islamabad (Pakistán). Esta decisión es relevante, porque Washington intentó revertir la coerción iraní sobre el Estrecho de Ormuz a través de una contra coerción marítima, que buscaba privar a Irán de su litoral comercial, mientras continuaba el libre tránsito marítimo hacia puertos no iraníes (El País, 2026; Fouda, 2026; Reuters, 2026). Desde el geoposicionamiento, se establecieron tres fines: restablecer la libertad de navegación bajo la tutela estadounidense, asfixiar la economía iraní sin efectuar una operación terrestre y lograr un acuerdo final desde una posición ventajosa en lo operativo.

En el contexto descrito, las negociaciones que está llevando a cabo Pakistán tienen un valor superior a cualquier proceso de negociaciones de cese al fuego neutral, porque Islamabad se convierte en una especie de “bisagra” diplomática entre Estados Unidos, Irán y los Estados árabes, puesto que, Estados Unidos lo validó como un mediador viable para las conversaciones.

El 15 de abril, la delegación pakistaní arribó a Irán, encabezada por el vice primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores, Ishaq Dar; el  jefe de las Fuerzas Armadas y jefe del Estado Mayor Conjunto, Syed Asim Munir; lo que podría

[2] La Agencia Internacional de Energía, en inglés International Energy Agency (sus siglas IEA), es un foro energético compuesto por 29 países industrializados que integran la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE) y tiene como objeto promover la utilización de tecnologías nucleares para fines pacíficos y en condiciones de seguridad tecnológica y física.

entenderse como la intención de Pakistán de convertirse en un administrador efectivo de crisis en la región ante Estados Unidos, Irán y monarquías del Golfo.

En la actualidad y según ha trascendido en algunos medios de comunicación, el contenido de las conversaciones no se ha remitido exclusivamente al cese al fuego, sino que también contemplan 3 ítems estratégicos dentro del conflicto: primer ítem, conocer el alcance del programa nuclear iraní, la reapertura y seguridad del Estrecho de Ormuz y la “compensación de daños” por los ataques (AP News, 2026; Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán, 2026; Reuters, 2026).

Otro actor relevante y que no había intervenido es China, su estrategia “visible” se ha basado en la diplomacia de contención para impedir que el bloqueo estadounidense del Estrecho de Ormuz se convierta en un foco de control unilateral de los choke points[3] esenciales para la seguridad energética asiática. China ha manifestado que el bloqueo atenta contra los intereses de la comunidad internacional, por ello, respalda la mediación de Pakistán y la reapertura del libre tránsito marítimo. Asimismo, se distanció de la postura iraní al rechazar los ataques a países de la región y el bloqueo del Estrecho de Ormuz (Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China, 2026; Reuters, 2026).

China estaría evitando dos escenarios adversos: el primero, la interrupción prolongada de la navegación, lo que influye directamente en el suministro energético asiático, y el segundo, que Estados Unidos tenga el control unilateral de la seguridad de Ormuz y del Golfo, según lo que ha manifestado en medios de comunicación como CNBC (2026), DW (2026) y Politics Today (2026). Por tanto, en lo político (diplomático) su lógica ha sido de contener la escalada militar a nivel regional del conflicto, preservar el libre tránsito marítimo y limitar la legitimidad de las futuras operaciones militares.

No obstante, el reposicionamiento de la administración de Trump no ha contado con el apoyo de todos sus aliados, Reino Unido y Francia se opusieron al bloqueo, proponiendo una misión multinacional de índole defensivo una vez finalizadas las hostilidades (El País, 2026). Esta postura da cuenta de una fractura estratégica: Europa comparte la preocupación por la seguridad marítima, garantizar el suministro energético y el desarrollo del programa nuclear iraní, pero no necesariamente respalda la lógica de Estados Unidos respecto a la coerción unilateral. Por tanto, Washington mantiene su superioridad militar, pero

no la cohesión política con sus aliados. Esto debilita la legitimidad y amplía el margen diplomático dentro de un proceso de negociación donde actores como China denuncian la fragilidad de la tregua.

Por otro lado, Israel ha aprovechado el conflicto para ampliar su eje de acción en el Levante. El conflicto con Hezbollah y las negociaciones que se están llevando a cabo en Washington entre los embajadores del Líbano e Israel dan cuenta de que ambos conflictos no pueden ser analizados independientemente, ya que el objetivo de Tel Aviv es degradar la estructura regional iraní en Medio Oriente, es decir, más allá del programa nuclear, busca erosionar a los grupos proxies que apoya (Eje de la Resistencia) y reducir la profundidad estratégica que Teherán ha construido en el transcurso del tiempo (AP News, 2026; El País, 2026; Reuters, 2026).

[3] Choke points o punto de estrangulamiento o cuello de botella. Es un lugar en el que se estrecha una ruta por razones geográficos y adquiere un alto valor estratégico.

Escenario plausible a corto plazo

En el corto plazo se podría proyectar un escenario de tregua armada con coerción económica y un alto riesgo de recaída en lo militar. Las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, a diferencia del proceso anterior tienen como punto de fricción la exigencia estadounidense de garantías sobre el programa nuclear y el material enriquecido. Irán demanda garantías de no agresión, margen de soberanía sobre su seguridad regional y mayor flexibilidad en las sanciones que se le han impuesto. Asimismo, la continuidad del bloqueo, la tregua imperfecta en la que se encuentran los actores y el fin de esta prevista para el 22 de abril configuran un escenario crítico.

Consecuentemente, el eje Pakistán-China introduce un factor de moderación relativa en la crisis, pero no altera por sí solo la asimetría coercitiva existente. Pakistán puede facilitar canales, proponer compromisos y garantías y, China puede contribuir con el respaldo diplomático, presión política y defensa de la estabilidad energética global. No obstante, ninguno de los dos dispone de la capacidad para imponer un acuerdo, si Estados Unidos mantiene la presión marítima e Irán utiliza el Estrecho de Ormuz como “moneda de cambio” para lograr disuasión estratégica.

Al parecer podrían presentarse tres escenarios posibles. El primero, una desescalada negociada, donde el Estrecho de Ormuz se reabra de forma verificable y el programa nuclear se suspende temporalmente. El segundo, una guerra prolongada, con bloqueo, incidentes navales, ataques limitados y deterioro de la economía tanto regional como mundial. Y el último, es una escalada regional si Irán considera que el bloqueo equivale a una agresión intolerable y activa respuestas directas o indirectas más intensas, incluso por parte de los miembros del Eje de la Resistencia. El factor transversal de los tres escenarios plausibles en un corto plazo, es el control del espacio marítimo y la capacidad de cada actor para convertir presión táctica en una ventaja política durable.

Conclusión

Desde que se iniciara el conflicto entre Estados Unidos e Israel en contra de Irán, ha quedado patente que el enfrentamiento entre los beligerantes no solo es la destrucción de la capacidad militar, en realidad es la disputa por el orden geopolítico regional. Estados Unidos e Israel impusieron sus costos militares y trasladar la presión al espacio marítimo; Por su parte Irán, a pesar de su inferioridad convencional, convirtió el Estrecho de Ormuz en un centro de gravedad y de influencia global. Por tanto, el balance que puede efectuarse hasta hoy es que no hay derrotados ni vencidos, sino que hay una competencia por quien establece las condiciones para la siguiente fase del conflicto.

Este enfrentamiento está dejando como lección que el Golfo y el Estrecho de Ormuz son el verdadero pivote del poder regional. Puesto que, quien controle, amenace o garantice esos corredores, influirá en la economía mundial, en Europa y Asia, más que en Irán o Israel. En consecuencia, este conflicto dejó de ser otro más en Medio Oriente, sino que es una crisis de posicionamiento en diversas áreas: energética, de navegación, alianzas y diplomacia coercitiva se han fusionado en el mismo escenario. 

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