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Centro de Estudios de la Academia de Guerra

Rusia y el conflicto en la zona gris europea

Introducción

El pasado 15 de septiembre la presidenta de la Comisión Europea —máximo órgano político y ejecutivo de la Unión Europea—, Ursula Von der Leyen, ofreció el discurso anual sobre el Estado de la Unión. Una de las ideas centrales del discurso fue el camino propio que está tomando Europa, con independencia en variados ámbitos. Asimismo, la alocución giró en torno a la paradoja de tiempos excepcionales, pero de suma complejidad, enumerando una serie de desafíos para el continente, como el cambio climático, el avance tecnológico, el suministro de minerales estratégicos y la educación (Von der Leyen, 2026).

Figura N°1 Discurso de Ursula Von der Leyen ante el Parlamento Europeo (Estrasburgo, Francia). Nota:Fuente: European Commission.

El pasado 15 de septiembre la presidenta de la Comisión Europea —máximo órgano político y ejecutivo de la Unión Europea—, Ursula Von der Leyen, ofreció el discurso anual sobre el Estado de la Unión. Una de las ideas centrales del discurso fue el camino propio que está tomando Europa, con independencia en variados ámbitos. Asimismo, la alocución giró en torno a la paradoja de tiempos excepcionales, pero de suma complejidad, enumerando una serie de desafíos para el continente, como el cambio climático, el avance tecnológico, el suministro de minerales estratégicos y la educación (Von der Leyen, 2026).

El discurso, no obstante, tuvo un notorio énfasis hacia la seguridad. En esta línea, hubo referencias claras a la guerra ruso-ucraniana, y también a la acción del Kremlin fuera de Ucrania, en diversos puntos de Europa: “La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania continúa sin tregua. Y las amenazas se multiplican en nuestro territorio. En la última semana lo hemos visto en Dinamarca, Lituania y Polonia. El intento de ataque con drones en Leipzig es una prueba más. Debemos ser claros sobre lo que fue esto: un ataque con material militar, llevado a cabo por agentes rusos en suelo europeo”.

 Von der Leyen se refiere en este pasaje a diversos incidentes de provocación y agresión atribuidos a Rusia y desarrollados en la denominada zona gris europea. En Dinamarca, una fragata rusa ubicada en el Mar Báltico lanzó dos bengalas de advertencia contra un helicóptero militar danés que realizaba tareas de rutina. En el caso de Lituania, aviones caza de la OTAN derribaron un dron de presunto origen ruso que violó el espacio aéreo de ese país. En Polonia, en tanto, se reportó en la frontera con Rusia una embestida de drones contra una vía férrea, además del hallazgo de restos de otro aparato similar en las costas polacas. El ataque con drones mencionado en Leipzig, Alemania, fue detectado el pasado 4 de agosto en el aeropuerto de la ciudad e incluyó tres vehículos adjudicados a Rusia. El primero contenía artefactos explosivos de tipo militar y no alcanzó a detonar. Un segundo dron fue encontrado en las proximidades del aeropuerto, y un tercero habría impactado contra un avión de carga privado.

El concepto de zona gris, acuñado a principios de la Guerra Fría, se ha definido como una situación entre la guerra y la paz (Jordán, 2018), una “paz presidida por el conflicto” (EOM, s.f.) o una “paz híbrida” (El Grand Continent, 2026). Al interior de este espacio teórico se desarrollan una serie de acciones contenciosas que se ubican entre paz y enfrentamiento armado, sin alcanzar estrictamente a ninguno de los dos. Así, dos rasgos principales que definen la zona gris son, por una parte, su mantención deliberada por debajo del umbral del conflicto bélico tradicional y, por otro lado, el anonimato relativo de las acciones agresivas, que dificulta la atribución de responsabilidades políticas.

La zona gris, como espacio conceptual, aún es motivo de reflexión y discusión en el campo de las ciencias militares, pero se logra identificar por las interacciones que se desarrollan en él, bajo el concepto de conflicto híbrido. Entre conflicto híbrido y zona gris existiría una estrecha simbiosis de causa y consecuencia: el primero puede surgir porque existe el segundo, y viceversa. Así, el conflicto híbrido se define como “una forma de interacción interestatal donde se desarrollan acciones que se sitúan tanto en el ámbito de lo convencional como de lo asimétrico”. Esta interacción se caracteriza por presiones políticas, económicas y diplomáticas; amenazas en contra de la infraestructura del Estado adversario; agresiones por medio del ciberespacio; “operaciones de desinformación, empleo de grupos de poder no militares y ejercicio del terrorismo, entre muchas otras acciones destinadas a conseguir los propios objetivos políticos y estratégicos” (Arteaga, 2020).

En el caso específico de Europa y la OTAN, las operaciones en zona gris quedarían en un nivel inferior al que se requiere para invocar el Artículo 5 de la Alianza Atlántica, el cual establece que “un ataque armado contra un miembro de la OTAN se considerará un ataque contra todos los miembros y genera la obligación para cada miembro de prestarle ayuda”. Tal auxilio puede implicar el uso de la fuerza armada o cualquier otra acción que los Aliados consideren necesaria para restablecer la seguridad de la zona del Atlántico Norte. No obstante, este tipo de amenazas híbridas sí suelen justificar la activación del Artículo 4, el cual prevé consultas mutuas cuando un miembro ve amenazada su seguridad (OTAN, 2025).

Para la UE y también para la OTAN, el ataque en suelo alemán marcó un punto de inflexión en el contexto de la “guerra híbrida” que Rusia estaría desarrollando contra Europa. En una declaración conjunta realizada el 2 de septiembre pasado entre Ursula Von der Leyen y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, convocada exclusivamente por el incidente de Leipzig, ambos altos representantes hicieron un esfuerzo inédito y explícito por reducir o incluso acabar con la zona gris, otorgando visibilidad a los ataques híbridos, responsabilizando directamente a Rusia y mostrando que lo ocurrido en Leipzig no fue un hecho puntual, sino una estrategia deliberada de largo plazo por parte de Moscú.

Operaciones asimétricas

 El accionar del Kremlin en la zona gris se ha intensificado desde la invasión a Ucrania en 2022. Como ha sido analizado en profundidad en una serie de Informes de Observatorio y Documentos de Análisis del CEEAG, Rusia presenta objetivos estratégicos muy claros, que incluyen como medios la guerra híbrida, manteniendo en paralelo una guerra de desgaste en territorio ucraniano, cuyo fin se ha transformado en el nudo gordiano de las relaciones internacionales en la actualidad.

Diversos centros de estudio han concluido que las tácticas asimétricas de Rusia se han concentrado durante los últimos años en el sabotaje físico directo en territorio europeo, como una evolución diseñada específicamente para golpear y desestabilizar a la OTAN (GLOBSEC, s. f.). Una de las principales investigaciones recientes al respecto es la del International Institute of Strategic Studies (IISS), fundada en una extensa base de datos sobre operaciones de sabotaje rusas, tanto presuntas como confirmadas, dirigidas contra Europa. Según esta indagación, estas acciones impulsadas por parte del Kremlin estarían dirigidas contra la infraestructura crítica de Europa de forma descentralizada, es decir, mediante el reclutamiento de ciudadanos de terceros países, y haciendo uso de un modelo de “economía colaborativa”, que difumina la posibilidad de establecer culpables y más aún el establecimiento de sanciones.

Las operaciones de sabotaje rusas en Europa casi se cuadruplicaron entre 2023 y 2024 (IISS, 2025), manteniendo un nivel alto de incidentes en 2025[1]. Como se puede apreciar en la Figura 2, desde 2023 los ámbitos de acción del sabotaje se han diversificado notoriamente, incursionando en el sabotaje energético, industrial, de transporte y de salud, destacando un incremento significativo en el sabotaje a las fuentes hídricas de la población, en un fenómeno que se ha denominado “militarización del agua” (King & Hardy, 2023). En tanto, en la Figura 3 se puede observar la amplia gama de ataques contra Europa, donde se incluyen asesinatos, inmigración instrumentalizada, incendios, vandalismo, entre otros, donde el sabotaje se puede identificar en variados puntos del continente.

[1] El gráfico incluye los hitos de 2025 solo hasta el mes de junio.

Figura N°2 Frecuencia de las actividades en zona gris atribuidas a Rusia en Europa (enero 2018-junio 2025) Nota: Fuente

Figura N°3 Métodos utilizados por Rusia en sus ataques contra Europa (febrero 2022-diciembre 2025) Nota:. Obtenido de Le Grand Continent (2026).

 

El sabotaje ruso se ha concentrado significativamente en las industrias de defensa europeas y el corte de las cadenas de suministro militar de Ucrania, como afirma un reportaje del diario británico The Telegraph. A principios de agosto se produjeron explosiones en una fábrica de municiones en Italia, así como también en una fábrica búlgara que proveía de misiles y cargas de artillería a Ucrania (Barnes & Sabur, 2026). En tanto, el 15 de agosto se produjo un incendio en un edificio de Milrem Robotics, una empresa estonia que suministra robots terrestres y sistemas militares a las fuerzas armadas ucranianas. Ello se suma a un incendio que destruyó una planta checa que fabricaba drones y sistemas ópticos térmicos para Ucrania, ocurrido a principios de 2026.

El espacio aéreo y el dron se han convertido en uno de los elementos centrales en las estrategias adjudicadas a Rusia contra Europa. Entre junio y octubre de 2025, se han registrado al menos cuarenta incidentes relacionados con drones en Europa (IISS, 2025). Una de las situaciones más complejas fue precisamente la ocurrida en Leipzig. Si bien múltiples análisis afirman que un impacto de dron no es una provocación de guerra, y que no es suficiente para activar el artículo 5 del Tratado de la OTAN, la Unión Europea y la Alianza buscan estrechar o ponerle fin al espacio difuso y confuso de la zona gris. En su discurso del 15 de septiembre Von der Leyen se refirió directamente a “ataques” contra Alemania y, por tanto, contra toda Europa: “Un ataque no solo contra un Estado miembro, sino contra toda nuestra Unión. Y, señores miembros, no lo permitiremos” (Von der Leyen, 2026a). Anteriormente, el 2 de septiembre, habló directamente de un “ataque ruso” y de un “patrón más amplio de incidentes cada vez más peligrosos” que se transformaba en una “nueva normalidad”, que señala como inaceptable para la Unión (Von der Leyen, 2026b).

Finalmente, anunció un aumento de las sanciones económicas debido a las acciones adjudicadas a Rusia para terminar con “cualquier vacío legal que Rusia aproveche” y “recortar aún más los recursos financieros de Rusia para la guerra”. El Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, por su parte, señaló:

“Rusia actúa de forma cada vez más temeraria. A medida que prosigue su terrible guerra contra Ucrania, hemos visto cómo más drones y misiles penetran en nuestro espacio aéreo (…) También hemos observado un incremento de las actividades maliciosas dirigidas directamente contra nuestro territorio, ya sean incendios provocados en fábricas que producen material de defensa para Ucrania o el ataque híbrido ruso en Leipzig”. Rutte finalizó planteando una imposibilidad de desestabilizar a la OTAN con las acciones rusas en zona gris: “Si Rusia cree que esta amenaza nos dividirá, o que nos disuadirá de apoyar a Ucrania, se equivoca. Nuestra unidad es inquebrantable” (Rutte, 2026).

Conclusiones

Las operaciones rusas contra Europa, desplegadas en la llamada zona gris, son fundamentales para comprender la relación del Kremlin con Europa y la OTAN durante las últimas décadas (Gil Fons & Valerdi Macías, 2026).  Este Informe de Observatorio, examina la postura europea actual frente a las amenazas híbridas, advirtiendo en el discurso político un intento de terminar con la confusión, oscuridad y anonimato de las acciones en la zona gris en Europa. Los líderes de la Unión Europea y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, a partir del incidente con drones con material de guerra encontrados en el aeropuerto de Leipzig, Alemania, han comenzado a hablar de forma oficial de “ataques”, responsabilizando y culpando abiertamente por ellos a Moscú.

El intento de incorporar luz y claridad a lo gris es explícito. La máxima representante de la Unión Europea sabe que estas acciones pretenden no ser clasificadas como una agresión armada abierta, es decir, soslayar los artículos 4 y 5 del Tratado Atlántico. Por ello, propuso la creación de un “manual europeo para contrarrestar las amenazas híbridas”, y aún más, la adopción de un “artículo 4 europeo”, distinto al de la OTAN: “Creo que ha llegado el momento de que Europa adopte su propio artículo 4, o un protocolo de seguridad de emergencia. Que al ser activado por un Estado miembro, haga que todos los Estados miembros se reúnan. Para coordinar una respuesta europea. Para impedir una nueva escalada. Y para mitigar el impacto”. La implementación de este tipo de iniciativas, y su puesta en práctica, será objeto de monitoreo y análisis, así como también cuál será la respuesta del Kremlin frente a este giro en la actitud del Viejo Continente.

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