Estados Unidos e Israel vs Irán
El 28 de febrero recién pasado, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) inició la operación “Furia Épica” (de Estados Unidos) y “Rugido de León” (para Israel), que consistió en el ataque a blancos selectivos en Irán, situación que incrementó exponencialmente la tensión en Medio Oriente. La respuesta iraní no se dejó esperar, ejecutando una contraofensiva bajo el marco de la operación “Promesa Verdadera IV”.
Independiente del nombre otorgado a las operaciones, Israel y Estados Unidos plantean el empleo del instrumento militar sobre el argumento del alto riesgo del avance del programa nuclear iraní y de la postura extrema de régimen de dicho Estado. Por tanto, en lo político-estratégico los objetivos planteados, estuvieron
El 28 de febrero recién pasado, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) inició la operación “Furia Épica” (de Estados Unidos) y “Rugido de León” (para Israel), que consistió en el ataque a blancos selectivos en Irán, situación que incrementó exponencialmente la tensión en Medio Oriente. La respuesta iraní no se dejó esperar, ejecutando una contraofensiva bajo el marco de la operación “Promesa Verdadera IV”.
Independiente del nombre otorgado a las operaciones, Israel y Estados Unidos plantean el empleo del instrumento militar sobre el argumento del alto riesgo del avance del programa nuclear iraní y de la postura extrema de régimen de dicho Estado. Por tanto, en lo político-estratégico los objetivos planteados, estuvieron en lo siguiente[1]:
- Derrocar al régimen de los Ayatolás y, para ello, a toda la cúpula política y militar que lo apoya.
- Destruir totalmente el programa nuclear iraní.
- Reducir al máximo las capacidades de misiles de largo alcance de Irán.
- Mantener el libre tránsito marítimo.
Complementariamente a los objetivos antes señalados, las acciones también buscan contrapesar la creciente presencia china en la región, que se puede apreciar en la ejecución del reciente ejercicio conjunto realizado por China, Rusia e Irán en el Estrecho de Ormuz, golfo de Omán, y norte del Océano Indico, entre el 17 y 20 de febrero de este año (Zona Militar, 2026).
Desde que se comenzase esta operación, el punto de inicio fue situado a una campaña aérea de misiles coordinada entre las fuerzas estadounidenses e israelíes contra objetivos militares iraníes, seguida por una oleada de represalias con misiles y UAV (drones) en contra de diversas instalaciones militares en territorio israelí y estadounidenses y de sus aliados en diversos países del Golfo Pérsico y en el Mediterráneo Oriental (Chipre) (El País, 2026).
[1] (El País, 2026)
Desarrollo de las operaciones
Al estar establecidos los objetivos descritos anteriormente, se debía dar curso a una operación militar que fuese capaz de alcanzarlos. En tal sentido, previo al sábado 28 de febrero, las fuerzas israelíes y norteamericanas aumentaron el alistamiento operacional, en medio de maniobras diplomáticas y de información que buscaban configurar el ambiente operacional. Principalmente, el despliegue de fuerzas de EE.UU. se incrementó, desplegando el grupo de batalla de portaviones Gerald Ford hacia el Mediterráneo Oriental, además de mantener al grupo Abraham Lincoln en el Mar Arábigo (Zona Militar, 2026).
Figura N°1 Despliegue aéreo y naval de Estados Unidos en el CENTCOM, EUCOM, INDOPACOM. Nota: Activos estadounidenses desplegados en Europa, Medio Oriente e Indo-Pacífico durante las operaciones “Furia Épica” y “Rugido de León”(Ellis, 2026).
Una vez alcanzada la condición de alistamiento descrita, en la madrugada del 28 de febrero, se dio curso a la ejecución de las operaciones militares. La configuración inicial se centró en la degradación de los sistemas de alerta temprana y de defensa antiaérea iraníes, lo cual se ejecutó con acciones cinéticas y el uso de la guerra electrónica, generando condiciones para una seguidilla de misiones aéreas que azotaron diversos blancos dentro de Irán. Los blancos impactados se ubicaban en diferentes ciudades, alcanzándose diversos centros de mando y control e instalaciones de la cúpula política y militar iraní, con foco en Teherán, además de centros de producción de misiles, sitios relacionados con el programa nuclear de Irán, y otros que buscaban degradar su capacidad militar. Destaca que, en esta ocasión, Tel Aviv y Washington decidieron afectar directamente el liderazgo iraní, batiendo a su Líder Supremo, el Ayatolá Alí Jameneí, lo que generó efectos inmediatos en el gobierno, las fuerzas armadas y la población (El País, 2026).
Figura N°2 Mapa de los lugares atacados por Estados Unidos e Israel en territorio iraní el 28 de febrero de 2026. Nota: (El País, 2026)
Como respuesta a los ataques “preventivos” de Israel y EE.UU., Irán generó una respuesta basada en el empleo de misiles y UAVs (vehículo aéreo no tripulado) y que se direccionó sobre blancos presentes en territorio israelí y norteamericanos desplegados en múltiples países de la región – entre ellos: Bahréin, Catar, Chipre, Dubái, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait – lo cual se ha sostenido a lo largo de los días, ampliándose en toda la región. Esta sucesión de ataques ha llegado a expandirse hasta el Mediterráneo Oriental, afectando una base militar británica en Chipre. Específicamente, los ataques iraníes afectaron diversos recursos militares relacionados con el mando y control, centros de inteligencia, bases aéreas y navales, además de otros que pudiesen relacionarse con el ámbito nuclear, como plantas de enriquecimiento y de conversión de uranio. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, informó que un submarino estadounidense hundió el buque iraní IRIS Dena con más de 100 tripulantes a bordo, en el Océano Índico, aproximadamente a 40 km. de la ciudad costera de Galle, en Sri Lanka (El País, 2026), hecho que no había realizado EE.UU. de tal forma desde la Segunda Guerra Mundial.
Figura N°3 Mapa de lugares atacados por Irán en la región de Medio Oriente entre el 28 de febrero y el 02 de marzo de 2026. Nota: (El País, 2026)
Desde una perspectiva de las operaciones, la coalición estadounidense-israelí ha mostrado una vez más la interoperabilidad de las fuerzas militares de ambos Estados, ejecutando acciones de supresión[3] y degradación[4] de defensas aéreas (en sus siglas en inglés: SEAD y DEAD, respectivamente), inteligencia, guerra electrónica y ataques de precisión contra objetivos estratégicos, con el propósito de buscar la iniciativa e intentar el logro de los objetivos de guerra. Por su parte, la rápida reacción de la fuerza militar iraní dio cuenta del alto alistamiento operacional en que se encontraban, a pesar de contar con potenciales diferentes de los de su amenaza. Irán ha basado sus capacidades en su masiva fuerza de misiles y de UAVs, las cuales han sido empleadas constantemente para degradar a su adversario (Zoubi, 2026). Dentro del arsenal de misiles, aquellos de tipo hipersónicos han generado un gran daño a instalaciones militares de su contraparte, abrumando a los sistemas de defensa antiaérea.
Tecnologías utilizadas en el conflicto
En la confrontación que se estudia, queda en evidencia el rol de diversos sistemas de armas que ha empleado una y otra parte en conflicto, lo cual considera recursos de acción cinética y no cinética. Respecto de la coalición iraelí-norteamericana, se puede observar que, además de la alta tecnología alcanzada, cuentan con la posibilidad de integrarlas a través de los distintos dominios. Por su parte, Irán ha dado cuenta de los grandes avances alcanzados en cuanto a la producción de misiles y vehículos aéreos no tripulados.
Por parte de EE.UU. e Israel, destacan algunos sistemas de vanguardia. En dicho sentido, el poder militar norteamericano mostró la inclusión de nuevos sistemas, como es el caso del sistema LUCAS (Low-Cost Unmanned Combat Attack System o Sistema de Ataque no Tripulado de Bajo Coste) el cual, como su nombre lo indica, constituye una opción más económica para infringir daños y generar un desgaste en su adversario. Este sistema fue probado el 16 de diciembre de 2025 en el Golfo Pérsico, cuando se lanzaron 32 drones desde la cubierta del USS Santa Bárbara, y oficialmente fue empleado el 28 de febrero para atacar objetivos estacionarios y en movimiento, tales como puestos de radares iraníes y sitios de lanzamiento de UAVs como el Shahed-129 (Navarro, 2026).
[3] La supresión de las defensas aéreas (en su sigla SEAD) corresponde a las operaciones que buscan reducir o inhibir temporalmente las defensas aéreas enemigas.
[4] La degradación de las defensas aéreas (en su sigla DEAD) corresponde a las operaciones que buscan destruir las defensas aéreas enemigas, por ejemplo, lanzadores de misiles, centros de mando y control.
Figura N°4 Infografía comparativa de las especificaciones técnicas e integraciones de los UAV LUCAS vs Shahed-136. Nota: Miskelley, 2025
Este modelo da cuenta que la iniciativa Replicator del Departamento de Guerra de EE.UU. ha sido beneficiosa, ya que, más que el diseño simple y su efectividad, la inclusión de componentes de diseño occidental, les ha permitido llevar ataques de saturación, debido a sus características (ver Figura N° 4).
Además del LUCAS, EE.UU. ha empleado drones MQ-1 Predator y MQ-9 Reaper, ambos modelos diseñados para llevar a cabo tareas de vigilancia persistente y ataques de precisión. El primero de ellos, fue uno de los sistemas pioneros diseñados por Estados Unidos en la década del ´90 para operaciones de vigilancia y ataque. Posteriormente, fue armado con misiles AGM-114 Hellfire, lo cual ha permitido efectuar ataques selectivos contra objetivos específicos (US Air Force, 2026). A medida que han desarrollado nuevos modelos, su uso ha ido disminuyendo.
Figura N°5 Imagen del UAV MQ-1 Predator. Nota:(US Air Force, 2026)
El sucesor de este es el MQ-9 Reaper, caracterizado por su potencia y versatilidad. Además, su capacidad para transportar carga útil de 1700 kg. es considerablemente superior a la del Predator (200 kg.) pudiendo transportar misiles Hellfire, bombas GBU-12[5] y GBU-38 JDAM[6] y combinación de ambas (US Air Force, 2026). A su vez, destaca por su precisión contra objetivos de alto valor como lanzadores de misiles, depósitos de armamento o infraestructura militar; su capacidad de permanecer largas horas en el aire para realizar seguimiento continuo de objetivos, reduciendo la incertidumbre en el proceso de toma de decisiones y aumentando la eficacia de los ataques.
[5] La bomba GBU-12 pesa aproximadamente 227 kg.
[6] La bomba GBU-38 JDAM pesa aproximadamente 250 kg.
Figura N°6 Imagen del UAV MQ-9 Reaper. Nota:(US Air Force, 2026)
El uso de drones ha estado acompañado por el empleo de aeronaves especializadas en guerra electrónica como el EA-18G Growler, variante del caza F/A-18 Super Hornet, diseñado para operaciones de supresión de defensas aéreas enemigas. El Growler está equipado por un sistema avanzado de interferencia electrónica capaces de bloquear radares enemigos, degradar sistemas de comunicación y neutralizar sensores utilizados por sistemas de defensa antiaérea (Boeing, 2026).
En los ataques iniciados el 28 de febrero, las capacidades de esta aeronave han sido relevantes ante la densidad de los sistemas de defensa antiaérea desplegados por Irán, que incluyen sistema de radares y baterías de misiles tierra-aire. La supresión de estas defensas es relevante, ya que permite operar con mayor seguridad y generar corredores aéreos en espacio aéreo enemigo.
Figura N°7 Infografía del avión estadounidense EA-18G Growler. Nota:(Adkins, 2026)
A diferencia de los sistemas estadounidenses, las fuerzas iraníes han empleado los drones Shahed-129 y 136, siendo este último el más representativo y destacado por la similitud con LUCAS. El Shahed-136 es un dron merodeador diseñado para ataques de saturación contra objetivos estratégicos y tácticos. Este vehículo no tripulado se caracteriza por ser kamikaze debido a su bajo costo de fabricación, posee una velocidad de 185 km/hr. y un alcance de 2.000 km aproximadamente y transporta una carga útil de 40 kg. Además, su sistema de ataque a objetivos es preprogramado y busca saturar los sistemas de defensa antiaérea del enemigo, obligándolo a utilizar interceptores más costosos como los misiles Patriot para neutralizar su amenaza. Esta estrategia se basa en la relación costo-efectividad, ya que son de bajo costo y su diámetro de daño es de 10 a 40 metros y con una dispersión de esquirlas que alcanzan un diámetro superior (OSMP, 2026).
Figura N°8 Infografía del dron iraní Shahed-136. Nota:(Caruncho, 2026)
Todos los sistemas antes mencionados han generado una evolución hacia un modelo de interacción entre sistemas autónomos de bajo costo, UAV de vigilancia, aeronaves especializadas en guerra electrónica, y cazas de combate, entre otros, permitiendo ataques de largo alcance, tal como sucedió con la interceptación por parte de Turquía de un misil balístico lanzado desde Irán, y que cruzó el espacio aéreo de Irak y Siria (El País, 2026).
De todas formas, los conflictos actuales van más allá de solamente aquellas tecnologías ya señaladas. Hoy, las fuerzas militares más avanzadas del planeta han logrado integrar recursos militares altamente sofisticados a través de todos los dominios, con el único fin de generar el máximo apremio a su adversario. Así, la fuerza terrestre cuenta con diferentes gamas de vehículos, guerra electrónica, ciber capacidades, drones tácticos y armamento ligero y pesado altamente certero de primer nivel; en el mar se incorporan un diverso espectro de buques que pueden actuar en un amplio espectro; en el aire las aeronaves de distinto tipo se integran con capacidades de combate aéreo, ataque y bombardeo, entre otras; finalmente, las capacidades espaciales y ciberespaciales aportan a las comunicaciones, vigilancia, inteligencia y en la generación de efectos sobre la amenaza.
Conclusión
Las operaciones que se llevan a cabo en Medio Oriente son la continuidad de un conflicto que tiene raíces desde hace varias décadas y que se ha ido incrementando desde el ataque de Hamás a Israel, en octubre de 2023. Incluso, algunas de las respuestas observadas no se registran desde la Segunda Guerra Mundial. Dadas las características de los actores involucrados y lo disímil de sus posturas, se estima que se extenderá en el tiempo, con derivadas regionales e incluso mundiales, donde prevalecerá una interacción geopolítica que excede el Medio Oriente y que llega hasta la competencia de grandes poderes.
A pesar de darse una lógica de operaciones aéreas, es complejo que se logren los objetivos planteados por Israel y EE.UU., dado que para ello es altamente necesario el involucramiento del poder terrestre, que es donde se definen las guerras. No obstante, “poner botas sobre el terreno” (boots on the ground) presenta condiciones diferentes en cuanto al nivel de involucramiento que se asumiría en una geografía y frente a una amenaza de gran complejidad, lo que genera una amplia dificultad de “dar pie atrás”. Esto tiene directa relación con el alto costo en vidas humanas que se podría generar, lo que se traduce en decisiones políticas de repercusiones superiores.
Finalmente, fuera de los objetivos planteados por la coalición occidental, existe una relación con factores que van más allá del territorio iraní y que se conllevan con la alta relevancia económica que ostenta la región. Fuera del liderazgo iraní, su programa nuclear y su arsenal de misiles, existe un interés geoeconómico concerniente con el control del Estrecho de Ormuz.