Introducción
El objetivo político-estratégico de Rusia que ha llevado a invadir Ucrania en una operación a gran escala, se sintetiza en su voluntad política de resguardar a la población ruso parlante y proteger su núcleo vital de lo que denominan “avance de Occidente”. Cabe precisar que Rusia conserva ventajas persistentes —masa de fuerzas, profundidad de su base industrial de defensa e iniciativa territorial en el Donbás—, por lo que el presente análisis examina los factores que han permitido a Ucrania contener ese esfuerzo, sin asumir un desenlace predeterminado (ISW, 2026). En este sentido, el objetivo político estratégico de Ucrania es lograr la supervivencia nacional del Estado, mediante la mantención de su soberanía e integridad territorial, así como consolidar una posición de fuerza que le permita detener la agresión y expansionismo ruso, consiguiendo el objetivo político de integrarse a la Unión Europea y a la OTAN. Para ello, Ucrania se ha valido de las capacidades de su sociedad nacional, particularmente resiliente y cohesionada, junto con un fuerte apoyo financiero internacional que sustenta su economía, un rápido desarrollo tecnológico de innovaciones aplicables al campo de batalla, como drones y misiles de mediano y largo alcance, y una estrategia militar basada en operaciones convencionales y de guerra asimétrica.
Pilares de la persistencia ucraniana
La sociedad ucraniana está liderada social y políticamente desde la presidencia y el parlamento, instituciones que han logrado mantener la unidad nacional y consolidar un gobierno de resistencia. Del mismo modo, se ha unificado el discurso político y la narrativa hacia la integración con Occidente, en una estrategia basada en la defensa total que sostiene su cohesión social y la preservación de su nación (RUSI, 2025).
Ha sido de especial importancia, la fuerte identidad nacional ucraniana, así como la existencia de un sistema, apoyado en Occidente, que integra y compromete a los miembros de la sociedad con la defensa del país, ya sean ciudadanos naturales, entidades sociales, redes de voluntarios, empresas o comunidades locales (IISS, 2026).
La población civil que conforma esta sociedad ha demostrado voluntad de resistencia y adaptabilidad, así como una notable capacidad de aprendizaje bajo presión. De esta manera, el rechazo civil ucraniano a la ocupación rusa constituye una forma de resistencia estructural interna, cuyo objetivo es impedir la normalización del control ruso (Fondation pour la recherche stratégique, 2026). Muestra además gran resiliencia y una inquebrantable cohesión frente a la destrucción y la crisis humanitaria, destacando por sus capacidades y rapidez en la reparación de los daños materiales en su infraestructura más sensible.
En Ucrania, el parlamento comparte con la presidencia el control sociopolítico del país, intentando por medio de supervisiones al gasto en defensa y la promulgación de estrategias anticorrupción, mantener activas las instituciones democráticas (Nazk, 2026). Así, se evidencia en lo planificado para el período 2026-2030, el propósito de cumplir con los estándares occidentales para poder seguir recibiendo apoyo económico (Atlantic Council, 2026).
La opinión pública de la sociedad ha blindado el accionar político ucraniano y ejerce un tipo de veto público que, más allá del gobierno central, establece y mantiene líneas rojas inquebrantables respecto a la soberanía nacional, impidiendo que los líderes políticos puedan aceptar acuerdos que impliquen la sumisión de dicha soberanía (CSIS, 2026).
Además, Ucrania desarrolla una diplomacia proactiva que utiliza su capacidad para resistir a una potencia como Rusia como el principal activo para conseguir ayuda internacional e insistir en ser integrada de manera formal en la Unión Europea y en la OTAN (ISW, 2026). Esta diplomacia fue desplegada intensamente desde el inicio de la guerra, orientándose en fortalecer alianzas internacionales, principalmente con los países de la Unión Europea y el G7[1], así como conseguir y garantizar una asistencia militar continua (Chatham House, 2026).
La ayuda internacional organizada sobre la base de coaliciones para el financiamiento de Ucrania, ha sido fundamental para la mantención de su economía y el sostenimiento de sus operaciones militares y la neutralización de la desinformación, en lo que Ucrania ha tenido mucho éxito al hacer primar su narrativa.
Ucrania ha contado hasta ahora con el respaldo masivo de socios internacionales que entre los años 2022 y 2026 entregaron aproximadamente 166.000 millones de euros provenientes de la Unión Europea y sus Estados miembros, y unos 131.000 millones de euros de Estados Unidos (Kiel Institute, 2026). Para mantener su economía y eludir los ataques, Ucrania utiliza rutas y corredores marítimos alternativos, particularmente el denominado “Corredor humanitario del Mar Negro” que pasa por la costa occidental de Ucrania y por las aguas de Rumania, Bulgaria y Turquía, a través de la cual mantiene el flujo de sus exportaciones, principalmente de cereales y minerales.
El país ucraniano combina el uso de armas avanzadas y una industria nacional de defensa altamente tecnológica y descentralizada, cuya importancia radica en permitir la producción local de una parte sustantiva de sus necesidades básicas y críticas, principalmente drones FPV aéreos y marítimos, robots terrestres, vehículos blindados y municiones (RUSI, 2026).
Del mismo modo trabaja y desarrolla sistemas de inteligencia artificial y de guerra electrónica que le permiten descentralizar el mando en el campo de batalla y provocar graves pérdidas dentro del territorio de Rusia (El Confidencial, 2026). Para su adquisición o fabricación, Ucrania se vale de la flexibilidad burocrática característica de su ecosistema tecnológico, que le permite la adquisición comercial externa o la fabricación conjunta entre las unidades militares de producción y diversos emprendedores privados (RUSI, 2026).
En el aspecto estratégico, a partir del año 2024 Ucrania inició transformaciones en el Ejército destinadas a mejorar su eficiencia en el mando y control, en la formación del personal, en las normas de movilización y el desarrollo tecnológico, representado por la iniciativa denominada “línea de drones” que está marcando la diferencia en esta guerra, con sistemas de UAVs de gran alcance, los que alcanzan objetivos a más de 2.000 kilómetros dentro del territorio ruso, golpeando el sostenimiento y la economía de hidrocarburos de Rusia, tanto en el área continental como en la península de Crimea, generando —además de pérdidas económicas— una atrición estratégica de personal y medios rusos (Instituto Nacional de Estudios Estratégicos, 2026).
Para contrarrestar la superioridad numérica rusa en personal y armamento, a través de innovadores avances tecnológicos, Ucrania ha privilegiado ataques quirúrgicos, ya sea en territorio ucraniano invadido o en la misma Rusia. Para ello, emplea drones de mediano y largo alcance, algunos guiados por inteligencia artificial, con el objetivo de afectar nodos logísticos e infraestructura crítica, principalmente refinerías de petróleo, nudos de transporte, defensas aéreas y rutas de suministro esenciales para Rusia.
La fabricación y empleo de modernos misiles de fabricación ucraniana resultan claves en el modo de atacar blancos estratégicos en la profundidad del territorio ruso, donde destaca, en el 2026, el empleo del misil crucero FP-5 Flamingo, desarrollado por la compañía de defensa ucraniana Fire Point, con un alcance declarado por el fabricante de hasta 3.000 kilómetros —aún no verificado plenamente en empleo operacional (Kyiv Post, 2026)—, bajo costo de producción y una efectiva capacidad para volar a altitudes extremadamente bajas, lo que dificulta su detección por radares. Así, el modo de accionar ucraniano ha dañado fuentes económicas estratégicas del Kremlin con las que sostiene a sus fuerzas y mantiene el esfuerzo bélico, elevando los costos para sus líderes políticos y militares, junto con facilitar el surgimiento de rechazos internos que han emergido en la población rusa (ISW, 2026).
De esta forma, los intentos rusos de prevalecer en la “ofensiva de primavera verano del 2026” basada en una superioridad numérica de tropas y medios militares ha sido ralentizada con las medidas asimétricas señaladas, permitiendo a los ucranianos estabilizar, en cierto grado, la línea del frente durante el año 2025 y 2026, fortaleciendo sus capacidades de negación aérea y una mayor libertad de acción en el Mar Negro occidental, como recurso esencial para la defensa (CNN, 2026). Ucrania no solo tiene el objetivo de enfrentar a las fuerzas invasoras en esta etapa del conflicto, sino establecer una viabilidad para el Estado ucraniano en el largo plazo (Fondation pour la recherche stratégique, 2026).
El presupuesto estatal del sector defensa de Ucrania constituye cerca del 27% del PIB nacional proyectado para 2026, equivalente a unos 66.000 millones de dólares (Kyiv Post, 2025) de lo que gasta unos 16.500 millones de euros en equipamiento militar, ya sea mediante el sistema de compras en el extranjero o mediante inversiones en su propia base industrial de defensa nacional que, desde el 2023 ha aumentado en 20 veces su capacidad de producción y es capaz de cubrir en torno al 50% de sus necesidades militares (militaryspend.org, 2026). El otro 50% depende de la ayuda internacional e inversión extranjera, proveniente en su mayoría de Estados Unidos y la Unión Europea (Kiel Institute, 2025).
Las oportunidades estratégicas de Ucrania en el campo de batalla están limitadas —no determinadas— por patrones de “asistencia militar internacional” que operan bajo restricciones de política exterior aliada. Estas restricciones se manifiestan en: (a) equipamiento militar fragmentado entre coaliciones temáticas sin integración táctica garantizada; (b) financiación directa de industria de defensa que ralentiza capacidades inmediatas en favor de autonomía a mediano plazo. El modelo de asistencia limitada genera una disyuntiva estratégica irresoluble entre necesidad operacional y sostenibilidad estratégica (Ryan, 2025).
A pesar de lo anterior, las fuerzas militares ucranianas han sido hábiles tanto en lo táctico como en lo operacional, al aprovechar la geografía del este del país, construyendo cinturones defensivos basados en fortificaciones, que obligan a las fuerzas rusas a enfrentar una guerra de trincheras, donde el avance territorial les resulta muy lento y costoso. Además, fuerzas militares ucranianas se han adaptado tácticamente, transitando de un accionar puramente reactivo a realizar operaciones ofensivas altamente tecnológicas y de gran repercusión (BBC, 2022).
[1] Chapare El Grupo de los Siete (G7) es un foro político y económico intergubernamental integrado por siete de las principales potencias industriales del mundo: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido.
Conclusión
Ucrania ha logrado enfrentar la invasión rusa gracias a una combinación de variables y factores que se encuentran al servicio de su defensa nacional. En este contexto, el componente sociopolítico de la cohesión social, motivada y dirigida desde el Estado ucraniano y reaccionaria frente al fenómeno de la invasión, ha sido fundamental para el desarrollo de una estrategia integral de resistencia multidimensional.
Dentro del componente sociopolítico, la actividad diplomática de Ucrania ha sido el canal que le ha permitido estrechar lazos con países y organizaciones internacionales, de los cuales ha obtenido apoyo político, económico y militar especialmente, todo esto debido a que el mensaje ucraniano basado en el Derecho Internacional ha sido efectivo hasta ahora.
Se estima que el componente económico, sostenido por la ayuda internacional, ha sido y continuará siendo indispensable para la mantención de la economía ucraniana y sus esfuerzos de guerra, más aún para su futura estabilización si se consigue un cese al fuego y se llegaran a iniciar conversaciones para una paz definitiva que, por el momento se ve lejana.
El componente tecnológico del accionar ucraniano ha pasado a ser la variable clave que ha cambiado la forma de hacer la guerra, estableciendo la posibilidad de que un ejército como el ucraniano, a pesar de las dificultades en el campo de batalla, logre defenderse de manera efectiva de la agresión de una potencia militar como Rusia, siendo trascendental sus acciones de destrucción selectiva de objetivos de alto valor con un efecto mediático desequilibrante, al ejecutarse de manera efectiva en la profundidad estratégica del territorio ruso.
Las fuerzas militares ucranianas han sido efectivas en su accionar híbrido, transitando progresivamente de un accionar reactivo a uno más ofensivo, donde se ha utilizado el engaño, la sorpresa y el empleo de tecnología de vanguardia, donde tanto los innovadores misiles de fabricación ucraniana como sus drones de corto, mediano y largo alcance —alguno de ellos guiados por inteligencia artificial— conforman un sistema sinérgico esencial con el cual Ucrania ha logrado ralentizar la “ofensiva rusa de primavera verano” en el 2026.